El pasado fin de semana, el semanario Expansión y Empleo titulaba uno de sus artículos “Trabajos que no encuentran dueño” Es una realidad, casar la oferta y la demanda no es fácil.
Los procesos de selección continúan a lo largo de la carrera profesional, no acaban con el sí que desemboca en la firma de un contrato y la siguiente incorporación a un puesto.
Los desajustes no solo aparecen previamente a la contratación, sino que se suceden a lo largo de toda la vida profesional en la Organización. En función de las necesidades que encontramos se requiere que las personas se adapten a unos u otros objetivos. Al menos en el mundo de la empresa privada.
Falta de experiencia y de cualificación, tiene entre otros significados el querer minimizar el riesgo de "errar" en un proceso de selección, por otra parte totalmente lícito e inteligente. Igual que “tienes que cambiar tu estilo para adaptarte a los nuevos tiempos de la Compañía” no son más que sinónimos de “contamos contigo, haz el esfuerzo”.
Ese “contamos contigo, haz el esfuerzo” es interpretado por la persona que lo recibe de diferentes modos; por ejemplo:
Es una oportunidad, tengo la experiencia y los conocimientos, es cuestión de trabajar de manera diferente
Me han puesto en el punto de mira. Tengo que cambiar, ¿cómo lo hago? Todos estos años, ¿de qué han servido?
En el primero la aproximación a la nueva realidad, que generalmente se ve venir, pero no se quiere aceptar, es desde una posición de optimismo y de confianza en uno mismo, en la segunda todo lo contrario, el resentimiento o la futura resignación acechan.
Si a una acción de apoyo para adaptarse a un cambio en la Compañía surge como reacción la asunción del reto, el proceso de selección continua, si por el contrario no se produce esa toma de responsabilidad, no se acepta o simplemente, el candidato no es capaz de percibir la diferencia entre lo que él cree de sí mismo y lo que cree la Organización, el proceso de selección se dificulta, y se terminará parando.
Experiencia y cualificación son tanto barreras a la entrada en otra Organización como barreras a la continuidad en una Organización en proceso de cambio.
Cuando se da la oportunidad de tomar el reto del cambio, lo que se valora, aún subjetivamente, es la persona, sus valores, su posibilidad de acometer el reto, su entusiasmo, su visión positiva para avanzar hacia la nueva forma de trabajar. La experiencia y la cualificación, se dan por adquiridas. Toman más fuerza otros elementos, más ligados a la energía y el entusiasmo del individuo. La experiencia y la cualificación, ya quedaron demostradas.
Si me dan la oportunidad, ¿qué me impide cogerla? ¿Qué tiene que pasar para que pueda tener claro los objetivos y el por qué me encuentro en esta situación?
Fotografía sacada de: mujerencasa.wordpress.com

1 comentarios:
Muy buen post, Javier. Totalmente de acuerdo que la claridad y dar sentido al cambio es una habilidad que debe tener todo líder que quiere implicar a su equipo en el cambio.
Creo que, más allá de habilidades y experiencia, como bien dices que el cambio requiere de un esfuerzo consciente y una cierta actitud por parte de la persona implicada que pueden y deben ser entrenado como una habilidad más de forma previa al momento de cambio (y no a la vez del cambio, como se hace normalmente).
Sospecho que de normal no estamos muy predispuestos a ello (cuando no tenemos el hábito correspondiente, tomamos la opción del mínimo esfuerzo).
¡Gracias por compartir tus ideas!
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