lunes, agosto 29, 2011

Pequeño niño grande [Antonio Pamos]

- Álvaro Rodero, ¡vuelves a tener mal los deberes! Es la última vez que te lo digo. La próxima vez te suspendo todo el curso.

Álvaro estaba ya acostumbrado a que su profesora le regañara por no llevar los deberes bien hechos. Pero esta vez era distinto. La amenaza sonaba más grave puesto que podía suspender todo el curso. Además, le había puesto una nota en su agenda escolar para que la firmaran los padres y se dieran por enterados.

A sus 10 años nunca había suspendido y siempre había sido un buen alumno, sin llegar a ser ejemplar aprobaba con holgura. Pero desde hacía pocos meses los enfados de su profesora eran constantes por fallar a la hora de presentar los deberes.

De camino a casa, lo que más le preocupaba a Álvaro era que su padre se enterara de lo que estaba ocurriendo en el colegio, y hoy se enteraría porque tendría que firmar la nota.

Quería mucho a su padre. Se sentía muy unido a él. Además, desde que perdió su empleo pasaban más tiempo juntos. Siempre proponía algo que hacer: que han estrenado esta peli, vamos a la piscina a echar carreras, acompáñame a sellar la tarjeta del paro y comemos en el Burguer, hace mucho que no vamos a zoo.

A medida que se iba acercando a casa su preocupación crecía. Empezaba a sentir una ansiedad inusitada. Las manos le sudaban, el corazón palpitaba, las piernas a veces no le respondían. Álvaro se encontraba mal, muy mal.

Por fin llegó al rellano de su vivienda. Hace unos meses decidieron confiar en él y le dieron una copia de las llaves y él había cumplido sin perderlas.

Abrió la puerta lentamente, intentando no hacer ruido y se dirigió a su cuarto sigiloso. Al pasar por delante del salón vio a su padre sentado en el sofá viendo la tele.

Por fin consiguió llegar a su cuarto. No le habían visto. O eso creía.

De repente, se abrió la puerta a su espalda y apareció su padre con la alegría del que se reencuentra con alguien muy querido, le abrazó, le besó.

- ¿Qué tal está mi grandullón? ¿Tenías ganas de ver a papá?

- Claro papá. Muchas ganas de verte.

- ¿Tienes deberes? – Dijo el padre pronunciando la palabra maldita

- Sí, papá. Como siempre – Respondió Álvaro algo dubitativo.

- Pues nada, vamos a hacerlos juntos. Como todos los días. Y nada de wikipedias, ni diccionarios ni nada, que papá te ayuda para que saques un 10.

Álvaro se resignó. El amor a su padre era tan fuerte que no quería decepcionarle. Mañana llevaría los deberes mal hechos, le suspenderían la asignatura, pero al fin y al cabo su padre sería feliz.

Por la noche, antes de acostarse, falsificó la firma de su padre en la agenda del colegio y se quedó dormido deseando que encontrara un trabajo pronto.



Imagen sacada de: www.arenglonseguido.net