martes, junio 28, 2011

¿Culturalmente efectivos? [Diana Clarke]

Cuando abro un taller de efectividad cultural, para calentar un poco motores – antes de entrar en detalle sobre variables culturales - suelo pedir a los participantes que dibujen en un papel un diagrama de araña. Os invito a hacer lo mismo. En el centro, que escribáis la palabra CULTURA, y que durante dos minutos, sin pensároslo mucho, os invito a escribir en cada pata de la araña lo primero que os venga a la mente.

No os sorprenderá saber que las asociaciones de ideas relacionadas con “cultura” surgen con espontaneidad asombrosa. Es más, suelen faltar patas a la araña donde escribir.

Sin embargo, las ideas, o emociones que brotan en estos primeros minutos suelen pertenecer al ámbito del síntoma. Me explico: a la mayoría de los mortales, cuando pensamos en cultura, nos paramos ante su manifestación exterior, o por lo menos así cabría deducir de las 10 palabras que con mayor frecuencia surgen de esta primera tormenta de ideas (datos recogidos y contrastados):

- Lengua

- Costumbres

- Leyes / normas

- Religión

- Creencias

- Valores

- Historia

- Arte

- Educación

- Comida (¡cómo no!)

Nada sorprendente.

Suelo pedir luego que todos se pongan de acuerdo para definir el concepto “cultura”. Este es el momento en que el lector debe pensar por si mismo y anotar su propia definición. Es posible que salga algo así como: el conjunto de costumbres, valores, normas y creencias que comparte y/o identifica a un grupo de personas. Ésta es desde luego la primera definición que se suele prodigar con más frecuencia.

De cuando en cuando, como en un taller que di recientemente, surgen de estos “ice-breakers”, debates sorprendentes. ¿De eso se trata, verdad? Tienen de diferente que van más allá del síntoma, y quería compartir con vosotros algunas definiciones de cultura que surgieron de este grupo marchoso y argumentativo:

1.- Todas las ideas que los hombres se han inventado para gestionar la idea de su propia muerte y la relación con su entorno.

2.- Todo lo que no es ADN, o dicho de otra manera: todo lo que aprendemos desde que nacemos.

3.- Todo lo que nos hace diferentes y nos separa de otros...

4.- Cómo justificamos rituales y protocolos aparentemente incomprensibles.

Me gustan todas estas aportaciones porque tienen la virtud de reconocer la diversidad como algo que se da por sentado.

En todo caso, la realización de que construimos nuestra realidad con nuestras creencias y paradigmas, y no con nuestros conocimientos, es el primer paso para lograr ser ese buen “surfista de la incertidumbre” que es la persona culturalmente efectiva.

Fotografía sacada de: http://blogicebergconsulting.com