Manuel se ha puesto malo y no va a ir al cole. Le dejo que se quede a ver la tele conmigo por la noche.Hacemos zapping y navegamos por todos los canales que ofrece la TDT. Manuel rápidamente se da cuenta de algo y me lo dice.
- Papá, ¿por qué hay tantos programas de gente discutiendo?
- En realidad no discuten. O sí. Bueno, se llaman tertulias y se supone que deben favorecer el intercambio de ideas. Pero a menudo se suben de tono y pasan a la discusión.
- ¿Pero por qué hay tantas?
- Yo creo que principalmente porque son muy baratas. Con estos programas llenas dos horas y sólo tienes que pagar una pequeña cantidad a los tertulianos. No hay reportajes, los decorados son simples. No sé, creo que debe ser por el coste.
- ¿Y están todos los días hablando? ¿Siempre tienen algo que decir?
- Eso es lo más curioso, que siempre tienen algo que decir. El tertuliano profesional se atreve con todo. Lo mismo te habla de economía, que de política, de arquitectura o de salud. Se presentan ahí con la soberbia de creerse maestros en cualquier materia que les tiente.
Pero no es cierto. En general lo que hacen es estirar dos o tres ideas, pocas veces propias, y así, entre que habla uno, el otro discute, que nos vamos a publicidad…pues ya hemos cubierto dos horas.
Otro problema es que en las tertulias no se suelen escuchar unos a otros. Cada uno libera, sí, porque lo que hacen es casi excretar, su frustración por medio de la palabra o el insulto, lo que no crea un pensamiento útil. Al final todo son ocurrencias que se lanzan sin esperar que aporten ningún valor.
- ¿Y los que gritan tanto?
- Forma parte del programa. Hace poco un exministro lo reconoció en un juzgado, que en esas tertulias tiene la obligación de crear tensión. Parece que es la única forma de llamar nuestra atención.
¿Sabes qué es lo peligroso de todo esto? – Le pregunto a Manuel
- ¿El qué?
- Que muchos de los que siguen estos programas no tienen la formación suficiente para diferenciar un sarcasmo, una exageración, una burla o una mentira de la realidad. Luego, se van a la cama con una semilla de ideas que pueden germinar de manera peligrosa, porque no se sustentan sobre la realidad objetiva y encima son prestadas, ni siquiera ese poso de pensamiento es propio.
- ¿Y eso es legal?
- Sí, sí lo es. Aunque la Libertad de Expresión no es un comodín ilimitado como muchos creen y al que se agarran para decir cualquier cosa en un medio de comunicación.
- Como cuando me dices que siempre piense antes de hablar.
- Más o menos Manuel. Más o menos.
Imagen sacada de http://pepecontreras.blogspot.com
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