jueves, febrero 24, 2011

La memoria que ciega [Antonio Pamos]

…Recaredo, Sisenando, Tulga, Chindasvinto, Recesvinto y Wamba.

Los Reyes Godos.

Mis padres se los sabían de memoria y de vez en cuando los recitaban con orgullo para poner en evidencia la mala calidad de mi enseñanza.

Tradicionalmente, el aprendizaje sólo se ha concebido a través de la memoria: Preposiciones, ríos, En un lugar de la Mancha…, declinaciones, “Creo en Dios padre…”, Tabla periódica, silogismos, trilogías, fechas, etc.

Un buen expediente académico pasaba indefectiblemente por tener una buena memoria.

El uso indiscriminado de la memoria automatiza el pensamiento y resta valor a razonar. No somos una sociedad ducha en deducir o inducir y eso hace que dispongamos de una capacidad crítica delicuescente, adversa para evolucionar.

Un claro ejemplo de ello son los bulos de Internet (o hoax). Me sorprende ver cómo personas a las que tengo por inteligentes reenvían historias de niños moribundos, terroristas infiltrados, cachorros desahuciados, Cocacolas vitriólicas o rumanos asalta coches, entre otras.

Y el que lo reenvía lo hace con su mejor intención porque se lo cree, carece de la capacidad de razonar. Se ha perdido el principio cartesiano de la duda metódica. No se profundiza en la esencia de los hechos y por tanto doy por buena cualquier información que me llegue, por muy estrambótica que sea.

Vi hace unos días un reportaje sobre opositores a notarías. Su objetivo era aprender de memoria centenares de leyes sin afán de reconocer su alcance. Quedaba claro que el que más fruto obtuviera de su memoria se llevaría el gato al agua.

A diferencia de lo que nos enseñaban de pequeños, el saber sí ocupa lugar. La memoria es limitada, pero la capacidad de razonamiento no. Por eso, debemos revisar nuestros modelos educativos estimulando un aprendizaje con más base en la conjetura e inferencia y menos en la retención de información que tenemos disponible a clic de ratón.

La imagen aparece en: http://lifepointnow.files.wordpress.com/2008/05/7.jpg