miércoles, junio 30, 2010

5 errores capitales de los directivos que quieren cambiar de trabajo [Carlos Monserrate]


Todo cambia deprisa, cada vez más deprisa. La velocidad creciente de los cambios está provocando más de un accidente (en el mercado inmobiliario y financiero por ejemplo). Ya no logramos anticipar lo que va a pasar. Apenas podemos entender lo que nos está pasando. No sabemos qué hacer, empezamos a vivir desbordados. Vivimos “el shock del futuro”.

Los negocios han cambiado, la forma de trabajar en equipo también, las situaciones clave en la gestión de nuestras carreras son distintas. Casi siempre nos siguen dando las mismas respuestas, pero las preguntas que a nosotros nos interesan son diferentes.
• Cómo está evolucionando el perfil directivo con rotunda capacidad de éxito?
• Cómo puedo desarrollar las competencias que van a frenar mi carrera?
• Qué hago cuando ya no soy feliz en mi trabajo?
• Debo interesarme por nuevas oportunidades cuando todavía estoy a gusto con mi proyecto?
• Cómo puedo saber si estoy desaprovechando una oportunidad o asumiendo un riesgo excesivo aceptando lo que me propone el consultor de búsqueda?
• Cuando tengo que hacerme visible en el mercado?

O por ejemplo, cuales son los errores capitales de los directivos que quieren cambiar de trabajo?

Cada vez es más frecuente que un directivo quiera cambiar de trabajo, que piense que su proyecto actual se está acabando y sienta la necesidad de buscar un nuevo reto… pero en este proceso de búsqueda se siguen cometiendo varios errores capitales, que quedan claros en las preguntas o comentarios que los directivos suelen hacer en el despacho del consultor de búsqueda, cuando acuden a pedir consejo:

ERROR CAPITAL nº 1: “¿Cómo está el mercado de trabajo?”
Qué importancia tiene la situación del mercado de trabajo si lo que quieres es cambiar de trabajo porque no estás cómodo en tu empresa actual?. Qué te preguntas realmente?. Quizás te preocupa si lograras o no tu objetivo con facilidad, pero si tú no estás a gusto, la decisión está tomada, debes encontrar un nuevo proyecto. La buena noticia es que sólo necesitas uno, un nuevo proyecto que se adecue a ti. El número de proyectos posibles en el mercado es irrelevante. Si necesitases encontrar 100 proyectos sí lo sería, pero si con uno sólo te resulta suficiente… la clave es tu actitud.

ERROR CAPITAL nº 2: “ Yo estoy empezando a buscar, pero en realidad no tengo prisa.”
Pues deberías tenerla, porque los demás sí la tienen y se van a apoderar de las oportunidades que a ti te podrían interesar. Encontrar un proyecto profesional atractivo (un buen trabajo, decíamos antes) es un proyecto en sí mismo, requiere un plan de acciones sistemáticas, un duro plan de trabajo, y un “dead line” o fecha límite para la consecución del objetivo.

ERROR CAPITAL nº 3: “ No sé si llamar a todos mis contactos.”
Y para que te sirve no llamarles? Todo el mundo que pueda serte útil debe saber que tienes interés en moverte. No sabes quién puede generar una buena oportunidad para ti, puede ser cualquiera, siempre y cuando tenga acceso a los decisores, o él mismo sea un decisor en los procesos de búsqueda de directivos. Limitarte a los consultores de búsqueda y a tu circulo de confianza tiene sentido, sólo si la discreción es un imperativo en tu caso.

ERROR CAPITAL nº 4: “ A mí lo que me gustaría es…”
No debes tomar decisiones a priori. Sólo puedes valorar lo que de verdad te estén ofreciendo. Cada fase del proceso de cambio de reto profesional tiene su elemento clave. Valorar propuestas es el factor clave en la última fase, pero hasta ese momento la clave es generar propuestas y luego valorarlas, no al revés.

ERROR CAPITAL nº 5: “Yo lo que sé hacer es gestionar equipos.”
Desengáñate, casi nunca es esa la clave en un proceso de búsqueda. Las palancas son otras y normalmente están relacionadas con desarrollar negocios, transformar modelos comerciales, desarrollar nuevos mercados, gestionar procesos de forma más eficiente, integrar tecnología y negocio... Gestionar equipos es un trabajo importante para un directivo, pero casi nunca es lo que le quita el sueño a quien busca un nuevo profesional para su empresa.


La fotografía aparece en http://www.directivoglobal.com/articulos-formacion/1/2/area-de-directivos.html

martes, junio 29, 2010

A que obliga el crecimiento internacional [Joaquín Amat]


Los modelos tradicionales de internacionalización de empresas que hemos identificado en los últimos treinta años han perdido vigencia. La proximidad geográfica, la proximidad cultural, las unidades económicas, la unidad monetaria, la proximidad política, los modelos y patrones de consumo, etc. , así mismo los modelos de entrada en distintos mercados y países, que han seguido las empresas a nivel de estrategia corporativa han quedado desfasados.
La crisis de la demanda ha identificado claramente la obsolescencia de los modelos y ha emergido una característica simple por su identificación y complicada por su implementación, es decir la necesidad de focalizarse en los mercados en crecimiento.
Toda opción de insistir y persistir en los mercados occidentales habituales tratando de incrementar cuota de mercado o mantenerla, a veces a cualquier precio,(con un mismo modelo de negocio) está resultando muy caro para las empresas y en algunas ocasiones difícil de justificar a los accionistas.
Los actuales mercados en crecimiento sostenido, se manifiestan en China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, Malasia, etc. todos ellos países con marcadas diferencias idiomáticas y culturales con el mundo occidental, y a la vez distintos entre sí.
Y en cuanto se analiza el aspecto de marketing, distribución y ventas y se pretende obtener información de los canales de comercialización y estadísticas de mercado, las empresas se dan cuenta de que se enfrentan a patrones de consumo difícilmente predecibles y cambiantes, y canales de distribución y venta completamente desestructurados.
La vía de entrada ya no la marca la estrategia de empresa/producto, ni siquiera la oportunidad puntual que en muchos casos ha sido la motivación inicial de penetración en nuevos mercados, y el esfuerzo de adaptación de producto/mercado, ya se da por supuesto.
La vía de entrada vendrá marcada por la legislación aduanera, fiscal y de inversiones extranjeras del país al que se aproxime la empresa, además de un factor clave que es la identificación de un segmento y canal de venta al que las empresas puedan acoplarse y realzar unas ventajas competitivas especialmente atractivas para el mercado y especialmente diferenciales de las empresas locales y extranjeras que operen en ese país y segmento de mercado.
Estas condiciones podrían considerarse comunes a todos los países, sino fuera porqué son mercados en alto crecimiento dónde todos los días nacen nuevos nichos de mercado, el comprador se encuentra abierto a nuevas opciones y modelos de productos y servicios, así como a nuevos canales de comercialización, y la empresa ante este crecimiento tiene opción de crear su propio mercado país.
La descripción realizada define la necesidad de poner a prueba los verdaderos recursos de que dispone de la empresa a todos los niveles e identificar la existencia de un verdadero “core business” a prueba del desafío al que se deben enfrentar las empresas con deseos, necesidad o exigencia de entrar en nuevos mercados en crecimiento.
En definitiva, se trata de modificar conceptos, modelos de negocio y organizaciones que guardan una relación directa con un concepto innovador y apertura mental que permita repensar la empresa para triunfar a nivel internacional, manteniendo a la vez un alto nivel de flexibilidad empresarial.
Todo ello nos lleva a pensar que sin cambios profundos las oportunidades internacionales van a ser cada vez más escasas.


La fotografía aparece en http://www.alphapraxisinternational.com/fais.html

lunes, junio 28, 2010

Ring, ring, ¿qué hago? [Javier Martín de la Fuente]


Eran las 9.40, reunido con un cliente, y como me suele pasar, se me olvidó apagar el móvil. En fin, lo pongo en silencio y aguanto la “delicada mirada de mi interlocutor” Vuelve a sonar, uff… ya está en silencio. Salvado.
Salgo a la calle y devuelvo la llamada, ¿qué le pasará, para insistir? Hola, perdona estaba reunido. Cuéntame. Y lo siguiente que oigo no dejará de sorprenderme nunca. “Te llamaba porque me han dejado un mensaje y antes de contestar quería consultar contigo como lo hago” Díme, ¿Qué quieres comentar? “Creo que es una persona de una compañía de head hunting que no conozco, quería preguntarte si tu sabes algo de los niveles profesionales que mueve, si la conoces y cómo afronto la llamada, por si me pregunta por el salario o si crees que debo intentar sentarme con ellos”.
No digo, que no tenga que asesorarle, por compañerismo, amistad o porque su ex-compañía le esté dando soporte con un programa de outplacement. Pero, ¿qué le ocurre a todo un director general para hacer semejantes preguntas? Si fuese cosa de una persona, de manera aislada, lo achacaría a ella, pero como no, como se repite con asiduidad, no veo otra salida que achacarlo al momento de presión personal por el que pasan.
La diferencia entre un directivo en activo y otro que ha perdido su puesto de trabajo no es otra que la que él o ella quiera darse. Si se le plantea la misma situación, pero en su puesto de trabajo, no llama, no busca apoyo. Si lo busca ahora, hasta el punto de no responder inmediatamente, a lo que yo considero algo tan sencillo, es por la falta de confianza en sí mismo. ¿Os figuráis un directivo sin confianza en sí mismo?
Recuperar la confianza, o mejor dicho desenterrarla, es lo primero que un ejecutivo debe afrontar a la hora de localizar un nuevo puesto de trabajo, antes incluso de ponerse a tocar el balón frente a supuestos retos menores.
Responder a la pregunta de ¿por qué estoy en esta situación? sinceramente, es el comienzo, analizar el grado de culpabilidad que se ha tenido para llegar a ella y reflexionar sobre las competencias propias de la función de la que se es responsable, son las armas para desenterrar esa confianza. ¿A caso, estamos ante personas distintas? No. Es el mismo individuo, un mes antes, en el momento en que fríamente le despiden o un mes después. Lo único que cambia es la visión sobre si mismo que tiene en cada momento y que le hace actuar de manera diferente.
Antes de ponerte a buscar un cambio asegúrate saber lo que quieres y confía en ti. Aún así, el teléfono seguirá sonando y las preguntas seguirán llegando.


La fotografía es de http://lasunciontaller.blogspot.com/2009/01/riiiinnng-por-olvido-argello-garca.html

viernes, junio 25, 2010

Redes sociales: De lo divertido a lo rentable [José Luis Meléndez]



Y me refiero a cómo generar casi desde cero, metodología de una relativamente nueva actividad tan entretenida como lo es el jugar con el "Facebook" o similares, haciendo que además toda la información que podemos intercambiar con el resto de la "población digital", pueda ser útil para todos.
Si además dicha información "útil", que soluciona alguno de nuestros viejos o recién aparecidos problemas, destaca de forma especial sobre las demás y consigue poner en valor determinadas habilidades raras de captar la atención en el actual mercado, podría plantearse uno hasta cobrar por ello, generando valor añadido en las instituciones, empresas y particulares que decidieran apostar por estas nuevas herramientas del marketing 2.0.
Cuántas horas se han perdido en el limbo de la tontería, usando tecnologías que a pesar de ser divertidas, nunca fueron de gran provecho más lejos de nuestras barbas. Y cuántas llegando incluso a la categoría de "útil", dejaron de serlo cuando a alguien se le ocurrió pretender cobrar por ello en el mundo virtual, donde parece ser que todo ha de ser gratuito como si fuese obra de una "oenegé", buscando los beneficios de forma indirecta a través de los "clicks" que hagamos en los "I like it" (me gusta), o cambiando cromos con nuestros datos personales, consiguiendo que el disparo comercial, en vez de ser de "trabuco a lo Curro Jiménez" (como hasta hace poco con el marketing de toda la vida), sea ahora de preciso francotirador.
Será vital pues no elegir el camino equivocado, pensando como siempre con la mirada puesta en el horizonte. Planificar detalladamente la estrategia una vez tengamos claros los Objetivos deseados.
Asumir de una vez que la democrática y popular revolución de los clientes, ya se ha producido y el marketing dejó de ser unidireccional. Habrá que aprender a escuchar atentamente e interpretar los sonidos y los silencios del mercado, cuyos nómadas habitantes decidieron quedarse a vivir en las Redes Sociales de momento y tiene pintas de que tardarán en moverse.
Y una vez encarada nuestra trayectoria al menos a un punto cardinal, tejer una alfombra con las diferentes herramientas disponibles, que nos permitan alcanzar la rentabilidad de las cosas realmente útiles para los demás. Pero sobre todo, sobre todo, divirtiéndonos lo máximo posible....




La fotografía es de http://txominjauregi.wordpress.com/2009/06/18/ddonosti-com-en-las-redes-sociales/

jueves, junio 24, 2010

Uno de cada tres trabajadores considera que su salud se resiente con el trabajo [José Antonio Carazo]


El refranero español dice que “el trabajo es salud”, pero no es eso lo que piensan los empleados. Según una encuesta realizada por Randstad, un 28% reconoce que el trabajo afecta a su salud a menudo y un 24% reconoce que lo hace en momentos de estrés. Tan sólo un 26% de candidatos afirma que el empleo no le afecta nunca a su vida diaria.
Esto indica que las preocupaciones generadas por el trabajo y el estrés relacionado con la crisis podrían estar provocando distintos síntomas en la salud de los empleados. De forma paralela, y aunque parezca contradictorio, el miedo a perder el empleo está provocando un descenso del absentismo y un aumento del conocido como “presentismo”: mayor presencia en la oficina, aunque no haya aumento de la productividad.
Nuevas enfermedades laborales
De esta manera, la intensidad laboral y el estrés provocado por la crisis provocan la aparición de nuevas patologías laborales. Randstad ha detectado las siguientes, relacionadas principalmente con la incidencia del estrés:
•Burnout o síndrome del quemado. Es un tipo de estrés prolongado motivado por la realización de esfuerzos que no se ven compensados. Se suele dar en trabajos sociales que implican el trato con personas e importantes exigencias emocionales en la relación interpersonal.•Adicción al trabajo. La adicción al trabajo era considerada como positiva, pero ya es reconocida como una patología. Se caracteriza por la pérdida de control respecto a los límites del trabajo hasta el punto de que afecta a otros ámbitos de la vida cotidiana.
•Dependencia del estrés o ergodependencia. Un síndrome que hace que el trabajo se refugie en el empleo de tal modo que no sea capaz de estar sin trabajar ni un solo día durante periodos muy largos.
•Fatiga crónica. La fatiga crónica se diagnostica cuando una persona se muestra agotada por un período de seis meses, cuando el cansancio no desaparece con el reposo y cuando se muestran cuatro de los siguientes síntomas durante más de medio año: pérdida de la memoria reciente o incapacidad para concentrarse; dolores musculares; dificultad para dormir y descansar; dolor de cabeza, etc.
•Tecnoestrés. Es una enfermedad vinculada con el auge de las nuevas tecnologías y afecta principalmente a trabajadores que basan su trabajo en el uso de Internet o del correo electrónico. Los síntomas van desde dolencias físicas como dolor de cuello o cervicales, hasta comportamientos como la consulta del correo electrónico de forma autómata.
El estrés forma parte de nuestra vida diaria, pero se pueden modificar pequeños hábitos que nos ayuden a sobrellevarlo y que ayuden a reducir las posibles enfermedades. Entre estos hábitos saludables está un descanso mínimo de ocho horas diarias, aprender a delegar tareas tanto fuera como dentro de casa, organizar y priorizar las actividades e intentar no generar más ansiedad de la necesaria tomando decisiones efectivas y rápidas.


http://eduspaces.net/eraser/weblog/676699.html

miércoles, junio 23, 2010

Actitudes [Plácido Fajardo]


Hay una idea que he expuesto unas cuantas veces en charlas públicas y sobre la cual he reflexionado, y sigo haciéndolo, de vez en cuando. Se trata de la importancia de la actitud en el estado de ánimo y, por consiguiente, en el rendimiento. La manera de expresar la idea es bien sencilla, como para recordarla fácilmente, vamos: "Tu actitud la eliges tu". Más fácil y breve, imposible.

Me ha venido a la cabeza esta semana en la que se han ido sucediendo una serie de noticias de cierto impacto y relevancia para el futuro, unas positivas y otras menos. Reforma (o reformita, finalmente) laboral, diferencial de coste de la deuda española sobre la alemana, examen de las autoridades económicas europeas sobre de las medidas de choque diseñadas por España, primer partido de la Roja en el Mundial de fútbol, resultados del test de stress de la banca europea liderados por dos bancos españoles, subibaja de la bolsa, que termina la semana subiendo bien y recuperando bajadas anteriores...PArece incluso que Alemania, la UE, las autoridades financieras respaldan nuestros tímidos planes...

Cada una de estas noticias genera una actitud diferente en quienes las escuchamos. Probablemente sea inconsciente, pero lo cierto es que no podemos sustraernos del todo de esa especie de corriente de opinión que acompaña cada una de las citadas novedades. Yo mismo me pregunto con frecuencia, como muchos de quienes me rodean, ¿qué actitud corresponde adoptar que sea más acorde con los acontecimientos? ¿Toca hoy estar apesadumbrado, triste, y mañana esperanzado, optimista? ¿Cómo debería ser nuestro estado de ánimo de acuerdo con las noticias que recibimos?

Al final, estoy inclinándome por rescatar la mencionada frase, que he utilizado muy a menudo con mis equipos. Tu actitud, la eliges tú. Nadie más debería hacerlo por tí. NAda te impide elegir la actitud que deseas adoptar. Eres libre de hacerlo, por tanto, ¿por qué no eliges la más inteligente? He decidido dejar de tener el alma en un puño, al albur de las noticias de la candente actualidad. Voy a procurar que influyan lo mínimo en mi ánimo, ni para bien, ni para mal. Voy a mirar a mi entorno más inmediato y tratar de valorar las cosas más cercanas, con el vaso medio lleno. No será Bruselas, ni el gobierno, ni el PIB, ni la deuda pública, ni siquiera el Mundial de fútbol el que determine mi actitud. Pienso hacerlo yo solito. Y es lo que les recomiendo. Elijan su actitud libremente. Seguro que saldrán ganando.


La fotografía es de http://www.iglesiadedioscentral.org/?p=555

martes, junio 22, 2010

La felicidad se aprende [Enrique Alcat]


Me quedo con dos aproximaciones a la felicidad: la primera entendida como “ausencia de miedo” y la segunda como “estar con la persona amada y no tener colesterol”. Si mezclamos las tres ideas con el trabajo rápidamente podremos deducir que quien es feliz en su vida privada, porque no tiene miedos, porque ama y es amado/a y goza de buena salud, está en predisposición de afrontar mejor su vida profesional.

Los empleados, dicen, no se van de las empresas (salvo que los echen) sino de sus jefes. Y se van porque no sólo no son felices en su ámbito profesional sino porque además el trabajo les influye negativamente en su faceta personal. El desencanto creciente en nuestro país hacia los jefes y por extensión hacia las empresas se traduce en una grandísima falta de felicidad por no hablar de ausencia de valores más elementales como respeto, humanidad, ética, excelencia, integridad, etc.

Mi naturaleza positiva me lleva siempre a intentar trabajar en aquellos proyectos y con aquellas personas que con independencia del tema económico me resulte gratificante desde el punto de vista del salario emocional. Como conocedor de la comunicación en pequeñas, grandes y multinacionales empresas siempre hay un denominador común: máxima eficacia (que no eficiencia) al menor precio posible donde las personas son casi mera anécdota (digo casi porque hay excepciones muy honrosas) y lo que importa es “sólo” la cuenta de resultados. Gravísimo error. He podido comprobar que los empleados que son felices en sus empresas no sólo hacen felices a sus jefes sino que, además, generan un caudal inimaginable de ideas que a la larga se convierte en recursos positivos de todo tipo. La felicidad genera, también, beneficios económicos.

Pienso que hemos venido a este mundo no para hablar de crisis y ni mucho menos para sufrirla sino para ser felices, incluso, en épocas de recesión y situaciones muy complicadas como la presente. Debería estar reconocido por la constitución de cada empresa la obligatoriedad de ser felices mucho antes que la de entrar a la hora o cobrar a finales de mes. Ser feliz es rentable desde todos los puntos de vista y además las empresas donde “da gusto trabajar” hacen del compromiso entre las partes su razón de ser. Deberían pedir a muchos directivos/empresarios no sólo saber idiomas, experiencia y mba´s sino también un postgrado en felicidad. La felicidad es un grado que ayuda a crecer no sólo en la empresa sino en la vida. Enseñemos felicidad. Se puede y se debe aprender felicidad porque se puede y se debe trabajar siendo lo suficientemente felices porque de lo que estamos hablando es de personas y no de un recurso más en el complejo entramado empresarial...


La fotografía es de la web hannaichi.wordpress.com/2009/05/23/la-vida-no-se-trata-de-eso/

lunes, junio 21, 2010

Simplicidad [Carlos Espinosa]


Leía estos días en la prensa las entrevistas e informaciones previas a la edición de este año de Expomanagement, y me detuve en la referente a Ram Charan, uno de los asesores de empresas de mayor prestigio internacional (digamos que es el consultor freelance de ámbito global más importante del mundo).
He leído todas o casi todas sus obras, y en todas ellas encuentro la misma sencillez aplastante que en las del maestro (creador) del management moderno: Profesor Peter Drucker.
Sus argumentos están cargados de lógica y ausentes de adornos y quiebros conceptuales de escasa utilidad. Plantea la realidad de la empresa desde la simplicidad, el sentido común, ajeno al glamour y la supuesta sofisticación intelectual que tanto nos gusta mostrar como pavo reales en cortejos prenupciales.
Tuve la suerte de asistir a algún evento con el Profesor Drucker, y recuerdo la cara entre irónica, perpleja y claramente contrariada que ponía cuando el coordinador de la mesa redonda de turno le hacía esa pregunta tan fantástica y rebuscada que no tenía más contestación que la distancia mental del profesor austriaco.
Por desgracia, los Drucker y los Charan son una excepción en un mundo, el del management, cargado de plumajes varios y de ideas rebuscadas, de refritos intelectuales y de plagios (dolosos o fortuitos, que son los más culpables por ignorancia) de ideas presentes o pasadas que se presentan en envases tendenciosos, cuando no pedantes sin más, y que poco o nada aportan a la actividad económica de nuestro país.
Leo convocatorias de eventos, de congresos, incluso, por pura disciplina, nuevas publicaciones de autores locales, y, en general, percibo escasa simplicidad; ideas confusas adornadas con modelos que sin sonrojo alguno son presentados como grandes novedades a esta castigada disciplina que es la gestión empresarial.
Decía Drucker que no entendía lo que es un "líder", sí un gerente de empresas; o Charan estos días que la gestión de empresas y sus problemas son mucho más simples de lo que decimos y pensamos: vender más, gastar menos, tratar bien a los demás y recibir lo mismo, etc.
Simplicidad, simplicidad, simplicidad.
Un don que en la Historia han compartido a partes iguales los grandes sabios y algunos dictadores, los primeros para explicar sus ideas, los segundos para manipular a la población y llevar a la realidad sus más bajos y deleznables instintos.
Hago esta aportación, quizás nada simple, quizás muy pedante, tras leer unas líneas de Charan y admirar en él, y en algunas otras mentes como la suya, el privilegiado don de la simplicidad en el management.


La fotografía es de blogs.clarin.com/movimientosimplicidadvoluntaria/2009/09/29/duane-elgin-y-simplicidad-voluntaria/

viernes, junio 18, 2010

El torero cobarde [Juan Pablo Ventosa]


Tiempo atrás escribía en este mismo blog bajo el título “Hacer lo que toca o tocar lo que hacen”. Hoy, camino de Madrid en el AVE, mi primera intención ha sido titular esta aportación con el título “Hacer lo que dicen o decir lo que hacen” sin embargo he preferido rendir un homenaje al recientemente famoso torero cobarde, de quien tanto he aprendido en tan poco tiempo.

Debo reconocer que jamás he ido a los toros, quien sabe si porque mi abuelo fue dos veces en su vida y en las dos le robaron la cartera, y que a menudo utilizo metáforas del ambiente como por ejemplo que la crisis es, sin lugar a dudas, un toro más o menos grande para muchos empresarios.

Hoy analizaré la situación en la que alguien que dice que va a hacer o lograr algo... finalmente no ocurre. Esta ha sido la situación provocada por mi nuevo maestro, el novillero mejicano Christian Hernández y que es perfectamente trasladable a cualquier entorno profesional.

Alguien que tiene la osadía de pedir que se confíe en él, comprando una entrada para un espectáculo taurino, y que al final huye corriendo genera ruido y tiene consecuencias: abucheos del público, recorte de coleta, humillación pública en todas las cadenas de televisión, y en más de 4.000 referencias en Google en un solo día, detenido por la policía y acusado por incumplimiento de contrato. Mucha penitencia para, siendo sinceros, como máximo considerarlo como un pecado venial.

Personalmente me inclino más por indultar al torero cobarde que por crucificarle aunque claramente discrepo con sus declaraciones cuando le entrevistaron por televisión y dijo literalmente, y en un tono un pelín chulesco, “si al final no he tenido coj... no es culpa mía”. Pues bien, yo sí creo que Christian es culpable pero no de su reacción, humanamente comprensible, sino de haber tomado públicamente la decisión de asumir un riesgo elevado a cambio del reconocimiento y la aceptación social. De decir las cosas que los otros quieren oír o tal vez, de hacer las cosas que otros quieren que haga. Las cosas que se dicen, Christian, se hacen porque sino, al igual que pasa en muchas relaciones personales y profesionales, la confianza y la credibilidad se rompe. Y ya sabemos lo difícil que es reconstruir una relación de confianza, y si no nos hacemos una idea imaginémonos al pobre torero cobarde intentando convencer a algún empresario taurino para que le contraten otra vez.

Pero hagamos un ejercicio de empatía. ¿qué provocó que el torero cobarde huyera de la situación que él mismo quiso, o dijo que quería, asumir? El miedo, sin lugar a dudas. Pero miedo, ¿a qué? ¿al fracaso? ¿a una cornada o a la muerte? ¿al dolor que causaría a su madre y demás seres queridos? No lo sé en este caso pero, sin intentar juzgarle en absoluto, parece que prefirió afrontar la vergüenza, y perder la confianza depositada en él, a intentar superar el miedo.

Me he encontrado muchas veces como jefe o como colaborador con situaciones parecidas a las de Christian (perdón que le tutee pero a estas alturas uno ya le tiene un poco de cariño), desde asumir objetivos que nunca se hacen realidad hasta convocar sesiones de feedback inocuas o inexistentes. Cada vez que uno dice que va a hacer algo y no lo hace tiene unos motivos. ¿qué motivos son los que le impiden a usted hacer lo que dice?

La fotografía es de discurriendo.wikispaces.com/tauromaquia

jueves, junio 17, 2010

Pasión por las Personas [Eugenio de Andrés]


Hoy nadie se extraña si un directivo afirma que la gente es su recurso más importante, su principal activo. Podríamos volver a echar un vistazo a esos bonitos cuadros con los “principios” de la compañía y veríamos como uno de ellos también se refiere a la importancia de los empleados. ¿Tendrán interiorizado este aspecto las empresas para las que trabajamos y las que nos rodean? Yo creo que no, y a además pienso que la mayor parte de las empresas cuentan con muy pocas personas, siendo generoso, que se identifiquen con la empresa, que estén orgullosas de trabajar en ella, que sientan los colores...

Por ello me gustaría traer a colación tres pequeñas reflexiones que ponen la “Pasión por las Personas” como eje central del futuro de cualquier empresa:

- Yvon Chouinard (Fundador de la Compañía Patagonia) decía “es imposible hacer un producto de mucha calidad sin tener a la vez un entorno de trabajo de mucha calidad. Todo está ligado: producto de calidad, servicio al cliente de calidad, puesto de trabajo de calidad y calidad de vida de tus empleados”.

- Juan Roig, Presidente de Mercadona, tiene un lema que sirve de motor en su cadena de supermercados: “Personas fieles y contentas, consiguen clientes fieles y contentos”.

- Kenneth Blanchard complementaba “si tratamos a aquellos que atienden al cliente como si fueran las personas más importantes de la empresa, ellos tratarán a los clientes como si fueran las personas más importantes del mundo. Si los profesionales de la empresa son tratados como ganadores y se perciben a sí mismos como ganadores, la satisfacción del cliente y la productividad vendrán naturalmente”.

¿Y cuál es la llave del éxito? Pues igual que con los clientes. Conseguir que la “Pasión por las Personas” cale en los directivos de la organización; y tratando a cada persona como nos gustaría que nos tratase nuestro jefe.

Construyamos empresas donde prime la sonrisa, el mirarse a la cara para decirse las cosas (buenas y malas), la confianza en el otro sin pensar en que se estará “escaqueando”; donde dediquemos tiempo a las personas, a dirigirlas, corregirlas, formarlas, reconocerlas; donde no digamos “no me vale fulanito” hasta haber puesto realmente toda nuestra capacidad directiva en aprovechar todo su potencial; donde nos alegremos de los éxitos del equipo. Diseñemos lugares donde no hablemos de empleados sino (como hace Starbucks) de “partners” o “socios”.

Una gran parte del éxito de las organizaciones se mide por la calidad de sus directivos, si estos consiguen el doble compromiso empresa-personas, es decir la ”Pasión por los Clientes” como consecuencia de la “Pasión por sus Personas” no habrá quién pare su organización. Y esto no es difícil, es cuestión de ir paso a paso, de ir sin prisa pero sin pausa.

Como dice la canción de Joan Manuel Serrat “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.


La fotografía aparece en gonzo22.wordpress.com/2008/11/29/gente_normal/

miércoles, junio 16, 2010

La solución… ¡¿Vender más?! [Eduardo Navarro]


El otro día estaba con el Consejo de Administración de una empresa familiar y viví una conversación habitual en tiempos de crisis. La compañía estaba perdiendo varios millones de euros y un hermano, que era el Director de Operaciones, le decía a su hermano que era el Director Comercial “la solución al problema es vender más. Hemos caído un 23% las ventas y tenemos que recuperarlas. Así dejaremos de perder dinero”. Este planteamiento que es muy habitual y parece lógico, está lleno de riesgos. Es una solución con mucho riesgo y por tanto, se debe evitar.

Es muy humano querer pensar que las ventas volverán en pocos meses y que, no hace falta tomar medidas de reestructuración. Debes reflexionar sobre ese tipo de decisiones ya que en un estudio que hicimos en Improven se indicaba que solo en un 19% de las ocasiones se cumplen los objetivos de ventas. Esta situación está muy relacionada con la vanidad de las ventas, es decir, que a todos nos gusta mucho vender más, pero nos gusta mucho menos la reestructuración.

Mi recomendación es que evites este efecto a toda costa. Para ello, y aunque se luche con energía por cada venta, te propongo que construyas un escenario realista con la caída de ventas media del sector y sin ser demasiado optimista con las mejoras en la cifra de negocio. A partir de ahí, debes reestructurar para conseguir mejorar los flujos de caja y, de esa manera, asegurar la viabilidad.

Además, se puede definir otro escenario (más optimista) que considere las mejoras que siempre se pueden conseguir ya que sistemáticamente aparecen muchas oportunidades en las áreas de marketing y ventas porque habitualmente están poco optimizadas.

Dentro de las oportunidades en esta área son más predecibles las de costes, que aunque varían mucho en función de la tipología de la empresa. La experiencia señala que se pueden conseguir mejoras entre el 10 y el 30% de reducción de costes en el área de ventas empleando los conceptos de productividad y «hacer más con menos».

Y en paralelo con este mensaje de optimización, también hay que luchar por cada venta. Las ventas son como un oasis en medio del desierto. Se debe transmitir la importancia de las ventas a nuestros equipos con realismo positivo. En sectores atomizados, suelo emplear el siguiente discurso: «Si solo tenemos un 4% de cuota, aunque el mercado esté complicado, solo hay que captar las ventas de un competidor. Ellos siguen vendiendo y ahí fuera hay clientes comprando»

Como conclusión, debemos luchar por cada venta pero sin que el optimismo por los resultados en esa área nos cieguen y nos puedan generar importantes problemas de viabilidad. Seamos conservadores con las previsiones de ventas y acometamos las reestructuraciones que sean necesarias.
La fotografía es de la web olx.es

martes, junio 15, 2010

"Happiness at work" desde La Coruña [Jorge Cagigas]


Os escribo desde La Coruña donde se celebra el Congreso de Aedipe bajo el lema de "Felicidad en el trabajo" "Clave de la competitividad y la sostenibilidad".

Estamos ahora en el ecuador del Congreso, que termina mañana sábado al mediodía.

La celebración de este Congreso, y el haber tenido que presentar y moderar una mesa, me ha permitido la fantástica oportunidad de pensar, analizar y reflexionar sobre un aspecto en el que tengo que reconocer no había profundizado mucho. También he leído en los últimos meses documentos, libros y artículos relacionados con ello.

Os dejo algunas reflexiones personales, ¿la felicidad en el trabajo es posible?, en mi opinión debemos buscar nuestra felicidad individual desde nuestro interior y tratar de aportar a nuestro entorno incluido el trabajo, esto creo que aportará un alto grado de felicidad a nuestras tareas en el trabajo. El optimismo es una actitud inicialmente "contra natura" pero que es fundamental para el progreso humano.

Otra reflexión, ¿son las organizaciones y las empresas las encargadas de proporcionar felicidad a cada uno de los empleados?, creo que no pero la responsabilidad de las organizaciones es precisamente proporcionar los espacios de libertad para que esto suceda y desarrollar los sistemas y herramientas para que esto ocurra. Por otro lado y para terminar, un elemento fundamental es cómo cada uno entendemos el trabajo. Si el trabajo lo consideramos como un medio de conseguir recursos económicos, el conseguir esta contraprestación debería ser suficiente y satisfactorio, si lo consideramos como un empleo entonces seguramente nuestra satisfacción se vinculará a nuestra carrera profesional y a nuestra promoción profesional, y por último, si lo consideramos como una vocación entonces conseguir la razón última que hemos conjugado será lo que nos produzca felicidad. Seguramente eso explica que en una organización haya personas tremendamente felices y otras muy infelices, y seguramente depende de su interpretación y la conexión con sus expectativas y el resultado conseguido.


La fotografía es de rosaquintana.com.ar/index.php/archives/701

lunes, junio 14, 2010

La percepción y la riqueza [Joaquina Fernández]


Esta es la historia de un hombre que vendía bocadillos en la calle. Su negocio se hizo tan próspero que al cabo de un tiempo tuvo que contratar a un empleado para poder responder a la demanda creciente. Su negocio iba tan bien que enseguida pudo abrir un restaurante y contratar personal para ayudarle. El cuidado que tenía en la elaboración de sus productos y la calidad de la materia prima hizo que todos los trabajadores de la zona acudieran a su establecimiento.

En un tiempo récord el hombre abrió varios restaurantes en la ciudad, y creció en prestigio y en seguridad económica.

Su único hijo por aquel entonces acabó su carrera universitaria y volvió a su hogar, encontrándose con un sólido negocio de restaurantes y un gran número de empleados.

Sus estudios financieros, realizados en la más prestigiosa universidad del país, le hicieron temer lo peor, así que habló con su padre.

-Padre, ¿no sabes lo que ocurre en el mundo? Hay una gran recesión económica.

El padre le preguntó:

-Hijo, ¿qué significa recesión económica?

El hijo, condescendiente, le explicó que las gentes estaban perdiendo sus empleos, los negocios estaban fracasando, y que el riesgo de que el mundo viviera una debacle financiera era casi imparable.

Siguiendo los consejos de su hijo de reducir gastos, el hombre decidió bajar la calidad de sus productos antes de despedir a sus empleados, fieles hasta el momento. Con la merma de la calidad bajaron las ventas, y el hombre se asustó y pensó que era mejor cerrar algunos restaurantes.

Cuanto mayor era la pérdida económica, el hombre hallaba mayor sabiduría en los consejos de su docto hijo, y volvió a bajar la calidad de sus productos, lo que provocó que se redujeran todavía más los ingresos. En poco tiempo se vio abocado a cerrar el resto de los restaurantes y despidió a la mayoría de sus empleados, quedándose sólo con su primer colaborador, a quien le confesó muy condolido:

-Mi hijo tenía razón, hay una gran recesión en el mundo.

Nuestro hombre no buscó ganar dinero, ni siquiera tuvo el deseo de logarlo. Su foco estaba en ofrecer lo mejor al público. Su cambio de percepción y participar de una visión no compartida le abocó a una ruina que en ningún caso está justificada por la situación del entorno.

Muchos estamos siendo el hijo, y con nuestra gran sabiduría estamos provocando resultados negativos en nuestro entorno. Nuestra economía se ha convertido en un barco a la deriva, y nuestros principios en una hoja de papel mojado.

Pensemos antes de hablar qué beneficios reportan a nuestros oyentes nuestros puntos de vista y los determinismos políticos, económicos, sociales. Nuestras opiniones muchas veces son gratuitas.

Cuidemos nuestras palabras. El mundo adolece de profundidad y de integridad. Cualquier aire puede arrastrar nuestro buque por mares inhóspitos y peligrosos. Las noticias, por muy falaces que sean, destruyen credibilidad y fuerza en pocos instantes cuando el hombre está asustado y temeroso. Y ahora lo estamos.


La fotografía es de la web parati.r¡taconeras.net/tag/crisis-economica/

viernes, junio 11, 2010

Cómo generamos compromiso [José Ignacio Pérez]


Hace unos años utilizaba el ejemplo de la expedición al Everest para ilustrar cómo se podía generar compromiso en un equipo. John Hunt, el director de la expedición (Edmund Hillary era un miembro más del equipo al que le “tocó” hacer la última ascensión), se enfrentó al terrible problema de cómo conseguir hacer un equipo con individuos que querían llegar a la cima (como individuos, no como equipo) y a los que en vez de asignarles la tarea de coronar la cumbre tenía que asignarles la más humilde de abrir el camino para alguien pudiera llegar.

Salvando distancias es el mismo problema que afrontan los directores de equipos de ciclismo: deben decidir quién se va a sacrificar y realizar un enorme esfuerzo para que lo aproveche el “campeón”.

Hunt ilustró este punto. Distribuyó las tareas desde el principio, antes de emprender la ascensión. Y dedicó tiempo a explicarlo y a comentarlo y a resolver pegas. Pero sobre todo dedicó mucho tiempo a comunicar a cada individuo la importancia que tenía la tarea que le había asignado para la meta final. Al final, él mismo relata en su autobiografía, quedaron todos satisfechos. Se habían resuelto las tensiones iniciales, todos sabían qué tenían que hacer, cómo su particular tarea se encuadraba en el conjunto y la gran importancia que tenía su tarea para el éxito. Si alguien fallaba, el éxito no se conseguiría.

Si trasladamos esto a las empresas y los equipos de hoy nos podemos hacer varias preguntas: ¿cuántos directivos dedican mucho tiempo en explicar a sus colaboradores cómo se encuadra su tarea en el éxito final y la importancia de la misma? Podemos hacernos una pregunta opuesta: ¿cuántos directivos utilizan argumentos de “lo importante de tu responsabilidad” para ilustrar las consecuencias del error cometido?

Podemos ir más lejos: ¿Cuántos directivos, tras haber “comunicado” a su colaborador lo importante de su tarea, se comportan coherentemente a lo dicho? O por el contrario, ¿Cuántos directivos se comportan (porque en el fondo están convencidos) como si la única tarea importante fuera la suya?

Cuando un directivo convoca a un colaborador y le “obliga” a cambiar su agenda y su planificación está transmitiendo con claridad qué es lo importante y qué no lo es. ¿Cómo se puede generar compromiso cuando el colaborador percibe con claridad que lo que realmente importa es la agenda del jefe?

Con relativa frecuencia nos encontramos quejas acerca de la falta de compromiso de los colaboradores. Cada vez que esto sucede no sería mala cosa revisar nuestro comportamiento y reflexionar un poco acerca de los mensajes que enviamos, con nuestros actos, a nuestros colaboradores.


La fotografía es de la web devocionaldiario.com

jueves, junio 10, 2010

Decisiones volcánicas [Enrique de Mora]


Una directiva de una multinacional me contó recientemente su odisea viajera, a mediados de abril, por culpa de las cenizas del volcán islandés Ejyafjalla.

El día en que todo empezó, nuestra protagonista se encontraba en un hotel de Londres, preparándose para una reunión en las oficinas de su empresa matriz. En contra de su costumbre, puso la radio, donde escuchó la noticia de que un volcán islandés había entrado en erupción y estaba expulsando cenizas que podían suponer un riesgo para los vuelos cercanos. No mencionaron nada sobre posibles afectaciones al espacio aéreo británico, pero un sexto sentido le hizo llamar a su assistant, en Barcelona, para que le reservara una plaza en algún Eurostar del día siguiente, el tren que está por debajo del Canal de la Mancha, para poder salir de Londres por vía no aérea y llegar al continente, concretamente a París, desde dónde tomaría un vuelo hacia la capital catalana. Su assistant mostró cierta extrañeza –la alarma todavía no se había extendido – pero se puso manos a la obra. A los pocos minutos, la assistant llamó a su jefa para informarle de que no había plazas para el día siguiente. Finalmente, pudo reservar para dos días después.

Nuestra protagonista llegó a Paris ya sabiendo que era imposible volar desde la capital francesa hacia Barcelona, por lo que su nueva intención era viajar en tren. El destino quiso que ese día la SNCF, la RENFE francesa, estuviera en huelga. Ni corta ni perezosa, la directiva española se personó en varias agencias de alquiler de coches que prácticamente se rieron en su cara antes de comunicarle que no habría vehículos disponibles en una semana. La directiva quería llegar a Barcelona a más tardar la noche del día siguiente, día de su cumpleaños, para celebrar éste en familia y para no perder más días de trabajo. Le preguntó a una agencia rent-a-car si conocía a alguien que pudiera ejercer de taxista improvisado. Tras mucho insistir, logró que le presentaran a un señor mayor francés y a una pareja de hermanos africanos que se habían postulado a la agencia como chóferes para esos días. La edad provecta del candidato genuinamente galo le hizo decantarse por la pareja de africanos, que, además, le dieron a entender –en un francés precario- que, al ser dos, se podrían turnar en la conducción para que el trayecto, aproximadamente 1000 km, fuera más seguro. No había otra alternativa. No es que fuera plato de gusto hacer un trayecto tan largo con dos absolutos desconocidos que no eran chóferes profesionales pero las circunstancias obligaban. Los taxistas improvisados le indicaron que el precio sería de 1000 euros. La viajera aceptó y cuando estaban a punto de emprender ruta, aparecieron, cada uno por su lado, dos españoles más, otro catalán y un gallego, que le preguntaron si podían compartir vehículo y trayecto y, evidentemente, el coste. La directiva catalana aceptó. No les conocía de nada, pero eran dos compatriotas que probablemente le harían sentirse menos desamparada. Aunque algo en su cabeza le decía que si las circunstancias fueran otras difícilmente se embarcaría en un coche de Paris a Barcelona no ya con dos sino con cuatro absolutos desconocidos.

No obstante, esos temores empezaron a disiparse al constatar que los dos compañeros de viaje españoles eran gente muy agradable. Eso sí, también eran de fácil dormir porque a los pocos kilómetros de la capital francesa cayeron ambos en los brazos de Morfeo. Ella estaba cansada, muy cansada, pero le parecía que debía permanecer despierta por si cualquier cosa. Y porque no las tenía todas consigo respecto a las habilidades al volante de los dos hermanos: el coche se balanceaba más de la cuenta, como si la autopista se les hiciera pequeña... Aunque anochecía, la mujer no tardó demasiado en darse cuenta de que debía mantener a toda costa su estado de alerta. Le pareció advertir algún gesto de somnolencia en el conductor, que intentó contrarrestar dándole conversación, lo que, dicho sea de paso, le permitió descubrir que eran inmigrantes ilegales, detalle que no acabó de colmarla de tranquilidad. Empezó a arrepentirse de haberse embarcado en aquel viaje por carretera. Sus temores experimentaron un salto cualitativo cuando, a tan sólo 100 km de Paris -afortunadamente en dirección a Barcelona-, los dos africanos, uno al volante y otro, digamos, de copiloto le preguntaron si faltaba mucho para llegar… Y, para darle más emoción al tema, sin siquiera haber hecho un cambio de chófer, le indicaron ostensiblemente que necesitaban descansar y que se negaban a continuar… Éste fue el momento de mayor pánico –y no será porque la peripecia no arrastrara ya a esas alturas unos cuantos sobresaltos-. La única mujer de la expedición, muy preocupada, decidió despertar a codazos a sus compatriotas. Se celebró un cónclave de urgencia y rodante. Definitivamente, los taxistas improvisados tenían mucho de improvisados y poco de taxistas. Eran buena gente pero habían apostado por ganar dinero con una actividad manifiestamente alejada de sus competencias. El cónclave demostró que nuestra protagonista no estaba en absoluto por la labor de perder una noche más fuera de casa. Los dos españoles, tampoco. Uno de éstos propuso que fueran ellos, los tres españoles, quienes condujeran hasta Barcelona, en sucesivos turnos. Los otros dos aceptaron sin rechistar. A pesar de la situación, no perdieron los papeles en ningún momento. Eso sí, decidieron cambiar los papeles con los “sin papeles”. Comunicaron su decisión a los dos hermanos y cambiaron las posiciones dentro del coche. Los clientes se convirtieron en taxistas y éstos en clientes… El resto del viaje, con diversas rotaciones al volante, transcurrió sin incidentes, con los dos africanos durmiendo a pierna suelta, tras mascullar algunas palabras de agradecimiento y algo parecido al nombre de Fernando Alonso. Sólo hubo un momento de incertidumbre: los tres españoles, al acercarse a la frontera, temieron ser incapaces de transmitir de forma verosímil la realidad de su viaje y que les detuvieran por tráfico de inmigrantes ilegales…, pero el destino ésta vez no quiso cebarse en ellos. La pintoresca expedición llegó sana y salva a Barcelona y se dirigió al aeropuerto, para que el gallego iniciara la siguiente etapa de su periplo: buscar un vuelo hacia Santiago, tras intercambiarse mails con sus colegas de viaje y satisfacer el importe de la larguísima carrera. Los españoles ya habían decidido que, a pesar del cambio de roles, no regatearían nada, por lo que pagaron a partes iguales los 1000 euros del trayecto a los taxistas improvisados reconvertidos en clientes todavía más improvisados. Éstos mostraron en ese momento a los clientes reconvertidos en taxistas improvisados su absoluto desconocimiento de la orientación espacial y más en un país extraño. Los dos catalanes les hicieron el favor de llevarles hasta un punto de fácil salida de la ciudad en dirección hacia Francia. Les desearon suerte y, acto seguido, se separaron en sendos taxis. La ejecutiva llegó in extremis a celebrar su cumpleaños…

Más allá de consideraciones sobre la infinidad de negocios que florecen alrededor de cualquier crisis y de las desventuras ajenas, esta historia real –como tantas otras que se produjeron en aquellos días- demuestra cómo el comportamiento humano se adapta a las situaciones adversas.

Y demuestra también que la vida es decisión continua. La ejecutiva consiguió llegar a Barcelona tres días después de proponérselo. Pero… ¿qué hubiera pasado si no hubiera llamado inmediatamente a su assistant? ¿Y si hubiera optado por el chófer mayor? ¿Y si hubiera ido sola con los hermanos africanos? ¿Y si sus compañeros de viaje hubiesen sido menos amigables?

Imposible saberlo. Lo que sí sabemos es que hizo honor a su condición de ejecutiva. A pesar de las incertidumbres que surgían por doquier, tomó muchas decisiones críticas en muy poco tiempo. Decidir significa actuar, significa moverse. En el ámbito directivo, el movimiento se demuestra decidiendo... Según estudios de la DePaul University de Chicago, un directivo toma, en promedio, una decisión cada nueve minutos, lo que suma un total de más de cincuenta decisiones al día. Esto significa más de diez mil decisiones al año, es decir diez mil posibilidades de acertar o de equivocarse.

Las cenizas de un volcán islandés pusieron a prueba la capacidad de decidir de la ejecutiva catalana. Su empresa debería tenérselo en cuenta...
lA FOTOGRAFÍA ES DE ADCENSANCHE.ES/VA-DE-RETOS.PHP

miércoles, junio 09, 2010

Reingeniería de las creencias II [Sergio Lujambio]


Decíamos ayer.., la importancia de “desaprender”, como llama “el” Punset, a este proceso de revisionismo tan importante para afrontar el futuro, y flexibilizar nuestra concepción del mundo, hacia modelos mas respetuosos, solidarios, caritativos, comprensivos, eficaces, eficientes,económica y socialmente viables.
Vendedor, Empresario, Derechos Sociales, Creyente, fueron conceptos someramente cuestionados en su forma generalizada de percepción contemporánea. Vamos a por otros, ¿vale?
Estado de Bienestar. Se suele entender este concepto, como que cualquier peligro que acuse el ser humano o le haga sentir amenaza o riesgo, debe ser mitigado o anulado por el Estado. La salud, la muerte, la pérdida del empleo, el techo, y hasta el empleo mismo. Welfare State, llamaban los ingleses. Muy bien todo, pero hay que ver que alguien tiene que pagarlo, y no puede ser basado en el endeudamiento ad-infinitum de “Papá Gobierno” que a fin de cuentas opera, con los recursos de los impuestos de quienes trabajan, o tienen el VALOR de contra viento y marea, en este país, emprender. Está bien la solidaridad. Pero hay algunos que solo la reciben, nunca la dan. Que “guay “ poder atender a cualquiera en una emergencia, empadronado o no, legal o sin papeles, pero….¿y si mejor atendemos mejor a nuestros autónomos?. Por ejemplo. ¿Y si en lugar de andar viendo si es derecho cambiar de sexo, mejor atendemos los DIENTES y la ortodoncia no por estética sino por SALUD? . Por ejemplo. En todo este paquete del “Estado de Bienestar” hay abusos. (En el paro, en los despidos fraguados para que sean con “paro”. En los parados que no buscan dejar de serlo, en los que sacan medicinas al por mayor). Hay otros abusos: A la luz de la carestía del despido, hacen lo conducente por hacerse despedir, con malas artes. Si la empresa va mal, no les importa. Si otros aportan mucho mas que ellos, no les importa. Lo único que les importa es su presunto “fondo de ahorro”. Así la protección de unos, se convierte en la desprotección de otros, justo los que se atreven a entender la generación de patrimonio, como una obligación social, personal, familiar, estatal, nacionalista según su percepción de nación. Muera pues, el “negro”, el “b”. Todos pagando, todos exigiendo, entonces sí: todos recibiendo. Suspendamos la atención a quien o quienes no la merecen o no la agradecen. Suspendamos la protección a quién hace de ella un uso ilegítimo o abusivo. Eso es (¡casí ná!) lo que hay que reformar. De lo contrario vamos directos a un perfecto Estado de Malestar.
Orgullo Gay. ¿Pensamos que es motivo de orgullo ser heterosexual?. Pues no. Se es, lo que se es. Las marchas de orgullos tales como el homosexual, la negritud, la zurdez, la presbicia, la atención dispersa e hiperactividad, proliferarían por toda la nación y el mundo. Son características. La descatalogación de la homosexualidad por parte de Naciones Unidas como enfermedad, puede ser motivo de festejo para algunos. No lo discuto.Pero.. ¿orgullo?

Las mujeres deben poder decidir sobre su cuerpo. Vale. De acuerdo. Que decidan poner a su novio o marido, concubino, amigo fugaz o amante, un preservativo. Eso es decidir sobre su cuerpo. Que decidan medicarse para la anticoncepción. También es decisión sobre su cuerpo. Que no atiendan a un calentón sin protección, también lo es. El cuerpecillo que dentro de ellas resulta de su indecisión previa sobre su cuerpo, NO es cuestión de ellas, y ¡mucho menos del Estado!. No me da la gana pagar por los abortos de nadie. Ni la ciencia ni la ética ni las concepciones religiosas están de acuerdo en el momento de “humanidad” de un cigoto humano. Me parece que cualquier aseveración es audaz y atrevida, por lo menos, en el sentido de carencia de condición humana de un feto. En todo caso: La cagamos. La arreglamos nosotros(as), con NUESTRO dinero. No el dinero público. Falsos feminismos nos cuestan caro. Muy caro.




La fotografía es de lacomunidad.elpais.com/miguelangel-sankar/2008/12/10/-desaprender-aprendido

martes, junio 08, 2010

¿Y los mayores qué...? [Javier Eizaguirre]


Me gustaría empezar este artículo haciendo un comentario sobre la expresión y el concepto de "los mayores".
Parece que dentro de las etapas de la vida, sobre todo cuando llega aquella en la que a uno le laman "mayor" y le toca la prejubilación o jubilación, sobre todo en los últimos años que se ha venido produciendo en el entorno de los cincuenta y pocos años e incluso antes, se produce claramente un antes y un después en todos los ordenes.
Por citar algunos ejemplos, ocurren cosas como las siguientes: se deja perder la experiencia de muchos años de vida; se apartan o se dejan escapar a excelentes profesionales (en ocasiones únicos e irrepetibles), el mercado de trabajo se descapitaliza porque expulsa el conocimiento poco a poco, se le exige experiencia y sabiduría al joven y empuje e impulso al mayor;en definitiva, se maneja incorrectamente y se deja escapar el talento.
A ese "mayor"que habitualmente ha jugado en primera división y ha estado presente en la alineación del equipo de su empresa, al llegar a este momento se le pasa automaticamente al banquillo y, por todos es conocido, las connotaciones negativas y destructivas de estar en esa situación ("ya no sirves", "eres caro","los tiempos cambian y no te vas a adaptar", etc.) y que, además, la Sociedad y el Sistema practican habitualmente con una actitud excluyente.
Como consecuencia de todo esto estamos desaprovechando un talento que irremediablemente en muchos casos ya hemos perdido. Como dato añadido, sirva comentar que en los próximos años vamos a tener que asitir a una auténtica revolución en los métodos de atracción y retención del talento porque tendremos invertida nuestra pirámide poblacional dado que habrá más mayores y habrá menos jóvenes que se incorporen al mercado de trabajo. ¿Qué estaremos haciendo entonces para que nuestro mercado de trabajo y nuestro pais sean atractivos para esos "talentos"?
Me gustaría recordar aquella idea que nos transmite Romano Guardini (Las Etapas de la Vida) que comenta que cada etapa de la vida es diferente e independiente de las demás, con entidad y sentido propios, que nos preparan para la siguiente y que no dejan de ser un mismo camino de desarrollo del ser humano. Sirva este artículo para que dejemos que lleguen estas etapas con toda su vivencia e intensidad y tomemos conciencia de la realidad que nos afecta y hagamos un ejercicio de talento sabiendo aprovechar las virtudes, capacidades y gran experiencia acumulada de ese "talento del mayor" para convertirlas en ventajas competitivas, aportación de valor, fuente de innovación y en ejemplo de buenas prácticas de las políticas de Recursos Humanos en nuestras empresas.
La fotografía es de la web afindemes.es

lunes, junio 07, 2010

"Yes, we can" [Juan Pablo Ventosa]


Me permitiréis empezar por el final: “Yes, we can”.

No pasa ni un solo día en que al menos una, sino varias conversaciones no deriven en lo que a todos nos ocupa y preocupa: la situación económica del país (y mundial).

En nuestro blog, al igual que en el supermercado, en la televisión, en la radio, en la oficina, en el bar, en la parada del autobús, venimos hablando de este tema desde hace ya mucho tiempo.

La situación nos desborda pero claro ¿a quién no? Después de un 2009 que nos dejó a todos mirando para Cuenca y cuando pensábamos que sí, que de una manera muy discreta empezábamos a vislumbrar una lejana luz al final del túnel ¡zas! va y parece que el panorama se pone mucho más negro, que no sólo no levantamos cabeza, sino que nos hundimos… ¡el sistema se hunde! ¡los bancos se hunden! ¡España se hunde!

Y sinceramente, yo ya no sé si seguir hablando de coherencia, crisis, compromiso, directivos, mercados, coyuntura, reforma laboral, valores, estrategia, competencias, recesión, y así hasta el infinito y más allá.

No es que estas temáticas no tengan su valor, su importancia y su función. Tienen todo esto y más. Cada día me tengo que enfrentar a una situación en la que como responsable de un equipo de personas y de una cuenta de resultados, el frágil equilibrio entre inspirar una actitud de responsabilidad y no pedir lo imposible a menudo me acerca al desánimo y a la frustración.

Sin embargo, quiero compartir con vosotros que al final, mi sentimiento más profundo y el impulso que me inspira es el de que podemos. Podría escribir un libro, incluso una enciclopedia entera, sobre el cómo, pero simplemente haré un breve apunte sobre algo que todos y cada uno de nosotros ya sabemos: el sacrificio, la voluntad, la responsabilidad bien asumida. Sabemos que el “cada cual a lo suyo” no sirve y que sólo y exclusivamente con el esfuerzo de todos y cada uno de nosotros lo lograremos. Y debemos quererlo. Yo sí quiero. “YES, WE CAN”.
La fotografía es de gutong.blogia.com/2008/mayo/php

viernes, junio 04, 2010

¿y usted que opina de…? [Antonio Pamos]


Que la estadística, como rama de las matemáticas, no es perfecta es harto sabido. Existen múltiples chascarrillos que ponen en evidencia su utilidad.

A mí me gusta particularmente uno. El de aquel hombre que tenía miedo a volar por si alguien llevaba una bomba a bordo. Leyó un día que la probabilidad de que hubiera una bomba en un avión era de una entre dos millones. Y que la probabilidad de que hubiera dos bombas era de una entre dos mil millones. Desde entonces, este hombre siempre viajaba llevando su propia bomba.

Resulta extraño el día que no nos encontramos con una estadística en la prensa. Las de intención de voto, el fracaso escolar, la incidencia de una enfermedad, hábitos de consumo, etc.

Juro que a mí jamás me han parado por la calle para hacerme una encuesta. Pero me consta (o prefiero pensarlo así) que realmente se hacen.

Sin embargo, las conclusiones de una encuesta suelen estar limitadas a los resultados, muchas veces sesgados por irregularidades metodológicas que no trascienden.

Desconocemos la muestra empleada, su representatividad, el método de muestreo, la elección de los encuestados, la habilidad del encuestador. Y así nos va. Sobre todo en época de elecciones donde no acierta ni una.

Asunto aparte es la torpeza con la que los periodistas suelen tratar todo lo relativo a los números.

Cómo se plantea la pregunta tiene un impacto definitivo en el resultado de la encuesta. Hay canales de televisión de derechas que preguntan a su audiencia de derechas si creen que el Presidente de izquierdas debe dimitir. ¿La conclusión? El 92% de los españoles cree que el presidente debe dimitir.

Hace unos años el NY Times hizo un experimento en su país. Se eligieron dos grupos de encuestadores que salieron a la calle a hacer preguntas parecidas pero no iguales.

El Grupo A preguntaba: “¿Cree usted que el Ejército debería aceptar a los gays?”

El Grupo B preguntaba: “¿Cree usted que el Ejército debería aceptar a los homosexuales?”

Los resultados fueron radicalmente dispares. Mientras el 79% estaba a favor de hacer hueco a los gays en el Ejército sólo el 59% lo haría con los homosexuales.

Pero atendiendo a la significación política del encuestado, los demócratas (más tolerantes y progresistas que los republicanos) daban el visto bueno a los gays en un 79% y sólo un 43% a los homosexuales.

La forma de preguntar lleva implícita un removimiento de valores, creencias o prejuicios latentes. Y ciertas palabras colocadas en lugares estratégicos de la frase los alteran.

Así es que entre que generalmente la metodología de la encuesta es todo un dislate y la habilidad numérica interpretativa del periodista exégeta es de niño de primaria, nos encontramos con que su utilidad es meramente un entretenimiento para llamar la atención.

Como enseñan en las facultades de periodismo: que la realidad no te estropee un buen titular.


La fotografía es de la web juntadeandalucia.es

jueves, junio 03, 2010

¿Miedo a envecejer? [Pilar Jericó]


La vejez tiene dos ventajas: dejan de dolerte las muelas y dejas de escuchar las tonterías que se dicen a tu alrededor.
Dijo el escritor Bernand Shaw. Sin embargo, y a pesar de estas “convincentes” ventajas, nos resistimos a envejecer. Buscamos la eterna juventud comprando cremas que nos prometen resultados inalcanzables, llenamos nuestros carritos del hiper con productos light y bio-saludables, y cuando nada de lo anterior se nos antoja suficiente recurrimos a la cirugía plástica. En España se realizan 800 intervenciones al día de este tipo de cirugía que mueve 900 millones de euros al año, lo que nos posiciona en el primer lugar en la Unión Europea y en el tercero a nivel mundial, según datos de la Sociedad Española de Cirugía Estética. Y los motivos por los que deseamos la eterna juventud hemos de buscarlos en nuestros miedos.
Todos tenemos miedos: A fracasar, a no llegar a fin de mes, a la muerte… pero quizás, uno de los que más nos condiciona sea el miedo a no ser aceptados, a no ser queridos. Como resumió el filósofo Arthur Schopenhauer:
El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.
La necesidad de ser aceptados se ve dificultada en el mundo que nos ha tocado vivir, donde los valores mas encumbrados son la belleza y la juventud. La edad madura parece estar de capa caída, en especial en las mujeres. Un hombre con canas resulta interesante; una mujer intenta disimularlas. La búsqueda de la juventud es una forma de buscar el amor y el reconocimiento de los demás, pero a un precio demasiado alto para nuestra felicidad, además de ser poco práctico: Buscar la satisfacción personal en algo con fecha de caducidad es apostar por un caballo perdedor, aunque los anuncios se empeñen en vendernos otra cosa.
En una encuesta realizada hace años en Francia, el 89 por ciento de los participantes reconocieron que el hombre necesitaba encontrar un sentido a su vida. El psiquiatra Viktor Frankl afirma que la neurosis de nuestra sociedad es el vacío existencial. Y para evitarlo, lo rellenamos con aquello que después tememos perder, ya sea juventud, belleza, una casa envidiable o un puesto de prestigio en una empresa. En definitiva, creemos que nuestra identidad y nuestra valía personal dependen del tener, que no del ser. Y ese es el origen de nuestros miedos. Difícilmente podremos perder lo que somos, pero sí lo que poseemos; y, sin lugar a dudas, perder la juventud es ley de vida. Quizá nos hemos empeñado en buscar la felicidad donde no se encuentra. Como recoge Daniel Gilbert, profesor de psicología de la Universidad de Harvard:
La sociedad quiere que consumamos, no que seamos felices.
Si pensamos en quiénes han sido relevantes en nuestras vidas, difícilmente destacaremos a los más atractivos, sino a los que nos han querido tal y como somos, con nuestros defectos y nuestras arrugas. Aquellos que nos han hecho sentirnos importantes y únicos. Antoine de Saint-Exupèry, autor de El Principito, lo resumía del siguiente modo:
Lo esencial es invisible a los ojos.
Y qué razón tenía. La auténtica belleza no puede verse y todos podemos aspirar a ella, independientemente del cuerpo que tengamos. En la medida en que sepamos aceptarnos y querernos como somos, podremos ser más felices. ¿Y acaso no es la felicidad lo que todos buscamos?

La fotografía es de la web operacioneslasermiopia.com

miércoles, junio 02, 2010

Las medidas del gobierno y las sensaciones [Carlos Sánchez]



Lo siento, me gustaría hablar de otra cosa, pero permitidme que hable de las medidas del Gobierno; no para hacer un análisis detallado sino para transmitir mis sensaciones y la de mucha gente con la que hablo.

A principios de año, llevado por mi optimismo irredento, escribía una nota titulada “yo sí veo brotes verdes”, en la que pronosticaba indicios de lenta recuperación y de un repunte progresivo de la confianza. En el año 2009 muchas empresas habían hecho los deberes y muchas familias habían ahorrado por si acaso. Esto había generado una demanda contenida, tanto en las familias (consumo) como en las empresas (inversión), que estaba siendo retenida por prudencia y por falta de crédito. En el primer trimestre de 2010, lentamente, empezaba a aflorar esa demanda y por fin salimos de la recesión con un tímido +0,1%. No entiendo cómo esto no fue un notición de portada, en vez de aparecer clandestinamente en las páginas interiores, pero la cuestión es que esas sensaciones optimistas parecía que se iban confirmando.

Y a continuación, zas!! decretazo del Gobierno. Unas medidas de austeridad que, aunque absolutamente necesarias (y también incompletas y tardías) lo que han generado, en vez de la confianza de que nuestros gobernantes saben lo que hacen y toman las decisiones adecuadas, ha sido un desánimo generalizado en unos y un gran cabreo en otros, lo que nuevamente ha echado por tierra la poca confianza que se había ido recuperando.

En definitiva, muchas personas y empresas, aunque no se hayan visto afectadas directamente por las medidas, han perdido la alegría y se ha vuelto a generar una sensación amplificada de crisis y desánimo, que en mi opinión no se corresponde con la marcha que iba teniendo la economía real. Pero la economía real la mueven las emociones, y el decretazo no contribuye en absoluto a generar buenas sensaciones. Otra vez la profecía autocumplida. Y si mal el Gobierno, qué decir de la oposición.

Ya sé que no queda más remedio que mirar para arriba, pues del cielo te caen los clavos, pero lo que al final acaba siendo realmente útil es pensar en cómo ganar nuevos clientes, abrir nuevos mercados, innovar... Y en definitiva, uno acaba pensando lo de siempre, o lo arreglamos nosotros, o de aquí no salimos.



La fotografía es de la web marquezcervantes.wordpress.com/2008/12/12/873

martes, junio 01, 2010

Planilandia: La Incapacidad para Ver Nuevas Realidades [Juan Carrión]


Siguiendo en la línea de la última entrada (El Ataque de los Clones), hoy me gustaría comentar un pequeño libro escrito hace mucho tiempo por Edwin A. Abbott (director de la City of London School y autor de numerosas obras de literatura clásica y religión), titulado “Flatland. A Romance in many Dimensions”. Sin duda es un libro único, no sólo porque se anticipa a una serie de descubrimientos realizados en física teórica, sino porque muestra una aguda intuición sobre el comportamiento de las personas como miembros de una cultura…

Planilandia trata sobre la vida de un individuo (un cuadrado concretamente) que habita en un mundo plano (una realidad bidimensional con longitud y anchura, pero sin altura), en el que convive con otros cuadrados, líneas, triángulos, círculos, hexágonos… Los moradores de Planilandia pueden moverse libremente en su superficie, pero al igual que las sombras, no pueden ascender ni descender por ella. Evidentemente, ellos ignoran esta limitación, porque son incapaces de imaginar una tercera dimensión.

Un día, nuestro protagonista vive una experiencia turbadora, precedida de un sueño sorprendente. En dicho sueño, se encuentra en un mundo unidimensional, cuyos habitantes son puntos y rayas, capaces de moverse hacia delante o hacia atrás pero siempre sobre la misma línea (a la que llaman su mundo…). Cuando nuestro protagonista descubre que para los habitantes de Linealandia es inconcebible la idea de moverse a la derecha o a la izquierda (además de hacia delante o hacia atrás) intenta explicarle a la raya más larga de Linealandia (su monarca) la realidad de Planilandia. El Rey le toma por loco y ante su tozudez, nuestro amigo el cuadrado, pierde la paciencia:

“¿Para qué malgastar más palabras? Sábete que yo soy el complemento de tu incompleto yo. Tú eres una línea, yo soy una línea de líneas, llamada en mi país cuadrado. Y aun yo mismo, aunque infinitamente superior a ti, valgo poco comparado con los grandes nobles de Planilandia, de donde he venido con la esperanza de iluminar tu ignorancia”

Ante unas palabras tan delirantes, todos los habitantes de Linealandia (incluido el rey) se arrojan sobre él. En ese instante el sonido de una campana le despierta del sueño.

Pero ese nuevo día le reservaba una sorpresa. Nuestro querido cuadrado dedica la mañana a enseñar a su nieto, un hexágono, los fundamentos de la aritmética y su aplicación a la geometría. Le enseña que el número de metros cuadrados de un cuadrado se calcula elevando al cuadrado el número de metros de uno de sus lados. En ese momento se produce la siguiente situación:

El pequeño hexágono reflexionó durante un largo momento y después dijo: “También me has enseñado a elevar números a una tercera potencia. Supongo que 33 debe tener algún sentido geométrico; ¿cuál es?”. “Nada, absolutamente nada”, replique yo, “al menos en la geometría, porque la geometría sólo tiene dos dimensiones”. Y luego enseñé al muchacho cómo un punto que se desplaza tres pulgadas genera una línea de tres pulgadas, lo que se puede expresar con el número 3; y si una línea de tres pulgadas se desplaza paralelamente a sí misma tres pulgadas, genera un cuadrado de tres pulgadas, lo que se expresa aritméticamente por 32.

Pero mi nieto volvió a su anterior objeción, pues me interrumpió exclamando: “Pero si un punto, al desplazarse tres pulgadas, genera una línea de tres pulgadas, que se representa por el número 3, y si una recta, al desplazarse tres pulgadas paralelamente a sí misma, genera un cuadrado de tres pulgadas por lado, lo que se expresa por 32, entonces un cuadrado de tres pulgadas por lado que se mueve de alguna manera (que no acierto a comprender) paralelamente a sí mismo, generará algo (aunque no puedo imaginarme qué) y este resultado podrá expresarse por 33”.

“Vete a la cama”, le dije, algo molesto por su interrupción. “Tendrías más sentido común si no dijeras cosas tan insensatas”

De esta forma, el cuadrado incurre en el mismo error que el rey de Linealandia (sin haber aprendido nada de su sueño…). Pero durante la tarde le da vueltas a las palabras de su nieto y exclama: “Este chico es un alcornoque. Lo aseguro; 33 no puede tener ninguna correspondencia en geometría”. En ese momento escucha una voz que le dice: “El chico no tiene nada de alcornoque y es evidente que 33 tiene una correspondencia geométrica”. Era la voz de un extraño visitante, que afirmaba venir de Espaciolancia, un mundo en tres dimensiones. Y al igual que el cuadrado en su sueño anterior, el visitante se esfuerza por hacerle comprender la existencia de una realidad tridimensional. Del mismo modo que el cuadrado se había definido como una línea de líneas ante el rey de Linealandia, el visitante se define como un círculo de círculos (que en su país de origen se llama esfera). Pero como era previsible, el cuadrado no puede comprenderlo, porque ve a su visitante como un círculo; eso sí, dotado de extrañas e inexplicables cualidades: aumenta y disminuye, se reduce a veces a un punto y hasta desaparece del todo. La esfera le explica que todo eso no tiene nada de sorprendente, ya que es un número infinito de círculos, cuyo diámetro aumenta desde un punto a trece pulgadas, colocados unos encima de los otros para componer un todo. Por lo tanto, cuando se desplaza en Planilandia, al principio es invisible, luego aparece como un punto (apenas toca la superficie), y finalmente se transforma en un círculo de diámetro en constante aumento, para después, ir disminuyendo hasta volver a desaparecer por completo. Esto explica que la esfera pueda entrar en la casa del cuadrado, a pesar de que las puertas estén cerradas a conciencia (entra por arriba). Pero claro, el cuadrado no es capaz de concebir el concepto “arriba” y finalmente, la esfera no encuentra otra solución que llevárselo a Espaciolandia.

Un espanto indecible se apoderó de mí. Todo era oscuridad; luego, una vista terrible y mareante que nada tenía que ver con el ver; vi una línea que no era línea; un espacio que no lo era; yo era yo, pero tampoco era yo. Cuando pude recuperar el habla, grité con mortal angustia: “Esto es la locura o el infierno”. “No es lo uno ni lo otro”, me respondió con tranquila voz la esfera, “es saber; hay tres dimensiones; abre otra vez los ojos e intenta ver sosegadamente”.

A partir de ese momento místico, el cuadrado, asombrado por la increíble experiencia de penetrar en una nueva realidad, desea explorar los misteriosos mundos de cuatro, cinco y seis dimensiones; pero la esfera le dice que esos mundos no existen, que la idea es totalmente impensable. Como el cuadrado, no ceja en sus deseos, la esfera le devuelve a su mundo.

El cuadrado, de nuevo en Planilandia, se siente en la obligación de contar lo que ha descubierto; pero cada vez le resulta más difícil recordar aquella realidad tridimensional. En cualquier caso, es encarcelado por la inquisición de Planilandia; pero en lugar de ser quemado en la hoguera, es condenado a cadena perpetua y encerrado en una cárcel (que recuerda a un psiquiátrico…).

Y así, más o menos, se acaba la historia. Para el que quiera más detalles, os dejo un enlace al libro completo (es corto y merece la pena).

Por cierto, el diálogo entre el cuadrado y la esfera es realmente interesante (páginas 52 y 53). De hecho recuerda enormemente a un proceso de coaching, en el que la esfera intenta un cambio de observador sin mucho éxito.

Lo cierto es que todos podemos volvernos ciegos en algún ámbito de nuestra vida personal o laboral. Un buen coach consigue que miremos la realidad con nuevos ojos, nos permite salir de nuestra zona de confot y adentrarnos en territorios desconocidos…

P.D.: Post aplicable al pensamiento político…


La fotografía es de la web videoarte en canarias