
Y poco a poco, ejercicio tras ejercicio, el directivo llega al cenit de su carrera. En la mayoría de los casos “la segunda madurez” supone el mejor momento en la carrera de un profesional.
En esta etapa el directivo supera los 50 años (o está muy cerca), ha tenido una carrera intensa, ha gestionado equipos, crisis, expansiones, reingenierías … ha trabajado en varias empresas, en varios mercados, para varios CEO,s… ha estado arriba y abajo…ha celebrado éxitos y se ha tenido que recuperar de fracasos… ha aprendido que hay varias maneras de hacer las cosas bien y muchas de hacerlas mal…sabe identificar a quienes de verdad tienen potencial y ha aprendido a gestionar equipos complejos… pero también mantiene la ilusión, la ambición y la pasión por lo que hace, está en el cenit de su carrera, que todavía no ha terminado… en la mayoría de los casos, todavía le queda un proyecto por realizar.
“La Segunda Madurez” es el momento idóneo para no renunciar a nada, para aspirar a todo. La “Segunda Madurez” es el momento definitivo, la última oportunidad, para liberarse de todos los miedos, de todos los frenos innecesarios, de todas las ideas y creencias limitadoras.
Es posible que una reestructuración, una fusión, una reducción de actividad o cualquier otro “accidente” permitan al directivo plantearse una nueva etapa profesional en otra organización. Es posible que reciba la llamada de un consultor de búsqueda proponiéndole algo que nunca antes se había planteado… pero que le resulta atractivo. También es sencillamente posible que el directivo decida aprovechar su mejor momento para desarrollar un proyecto y una visión personal en su propia organización…
A los 50 años, después de más de 25 años de actividad profesional, el directivo está en el momento idóneo para abordar el proyecto de su vida, posiblemente el último gran proyecto. Es el mejor momento para capitalizar todo lo que se ha trabajado, todo lo que se ha vivido, toda la experiencia acumulada.
También es un momento difícil, porque seguramente sólo se podrá escoger una vez. Ahora sobra experiencia, sobra conocimiento y carácter para tomar decisiones… pero no sobra tiempo para corregir errores. Se trata de escoger un proyecto que merezca la pena en sí mismo, ya no como un puente o una etapa que nos lleva a otro puesto o que mejora nuestra empleabilidad.
Un proyecto que de verdad merezca la pena debe tener por lo menos tres cualidades:
• Autoridad, responsabilidad y capacidad para poder tomar las decisiones que será necesario tomar para tener éxito. Si la posición no permite el impacto necesario en la toma de decisiones, el proyecto no merece la pena.
• Retribución. Todavía es pronto para no considerar la retribución como un elemento clave. Más adelante sí se podrá subordinar la retribución a otros aspectos más importantes, pero ahora todavía no. Si el proyecto tiene la magnitud, el calado y la capacidad de decidir, la retribución debe ser proporcional, si no es así el proyecto no merece la pena.
• Accionistas comprometidos con el proyecto. Y eso significa capacidad financiera, planificación a medio / largo plazo y respaldo en la toma de decisiones. Si el proyecto necesita una mezcla de bombero , cirujano y mago, excepto que seas un especialista en este tipo de situaciones, no merece la pena.
Si el proyecto que puedes desarrollar implica capacidad para decidir sin limitaciones distintas de las que impone el sentido común, está retribuido en consonancia con el valor que se tiene que aportar, y los socios demuestran respaldo, capacidad financiera y compromiso… no dudes mucho, puede que no vuelvas a tener otra oportunidad.
La fotografía aprece en http://atochaemprende.wikispaces.com/file/view/empresarios.jpg
En esta etapa el directivo supera los 50 años (o está muy cerca), ha tenido una carrera intensa, ha gestionado equipos, crisis, expansiones, reingenierías … ha trabajado en varias empresas, en varios mercados, para varios CEO,s… ha estado arriba y abajo…ha celebrado éxitos y se ha tenido que recuperar de fracasos… ha aprendido que hay varias maneras de hacer las cosas bien y muchas de hacerlas mal…sabe identificar a quienes de verdad tienen potencial y ha aprendido a gestionar equipos complejos… pero también mantiene la ilusión, la ambición y la pasión por lo que hace, está en el cenit de su carrera, que todavía no ha terminado… en la mayoría de los casos, todavía le queda un proyecto por realizar.
“La Segunda Madurez” es el momento idóneo para no renunciar a nada, para aspirar a todo. La “Segunda Madurez” es el momento definitivo, la última oportunidad, para liberarse de todos los miedos, de todos los frenos innecesarios, de todas las ideas y creencias limitadoras.
Es posible que una reestructuración, una fusión, una reducción de actividad o cualquier otro “accidente” permitan al directivo plantearse una nueva etapa profesional en otra organización. Es posible que reciba la llamada de un consultor de búsqueda proponiéndole algo que nunca antes se había planteado… pero que le resulta atractivo. También es sencillamente posible que el directivo decida aprovechar su mejor momento para desarrollar un proyecto y una visión personal en su propia organización…
A los 50 años, después de más de 25 años de actividad profesional, el directivo está en el momento idóneo para abordar el proyecto de su vida, posiblemente el último gran proyecto. Es el mejor momento para capitalizar todo lo que se ha trabajado, todo lo que se ha vivido, toda la experiencia acumulada.
También es un momento difícil, porque seguramente sólo se podrá escoger una vez. Ahora sobra experiencia, sobra conocimiento y carácter para tomar decisiones… pero no sobra tiempo para corregir errores. Se trata de escoger un proyecto que merezca la pena en sí mismo, ya no como un puente o una etapa que nos lleva a otro puesto o que mejora nuestra empleabilidad.
Un proyecto que de verdad merezca la pena debe tener por lo menos tres cualidades:
• Autoridad, responsabilidad y capacidad para poder tomar las decisiones que será necesario tomar para tener éxito. Si la posición no permite el impacto necesario en la toma de decisiones, el proyecto no merece la pena.
• Retribución. Todavía es pronto para no considerar la retribución como un elemento clave. Más adelante sí se podrá subordinar la retribución a otros aspectos más importantes, pero ahora todavía no. Si el proyecto tiene la magnitud, el calado y la capacidad de decidir, la retribución debe ser proporcional, si no es así el proyecto no merece la pena.
• Accionistas comprometidos con el proyecto. Y eso significa capacidad financiera, planificación a medio / largo plazo y respaldo en la toma de decisiones. Si el proyecto necesita una mezcla de bombero , cirujano y mago, excepto que seas un especialista en este tipo de situaciones, no merece la pena.
Si el proyecto que puedes desarrollar implica capacidad para decidir sin limitaciones distintas de las que impone el sentido común, está retribuido en consonancia con el valor que se tiene que aportar, y los socios demuestran respaldo, capacidad financiera y compromiso… no dudes mucho, puede que no vuelvas a tener otra oportunidad.
La fotografía aprece en http://atochaemprende.wikispaces.com/file/view/empresarios.jpg
/125657491/empresarios.jpg
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada