jueves, septiembre 02, 2010

El plan nuestro de cada día [Enrique de Mora]

Como es sabido, los franceses utilizan el expresivo término “rentrée” (literalmente, re-entrada) para describir la vuelta a la normalidad y a la rutina tras las vacaciones y, muy especialmente, tras las vacaciones de verano. El paréntesis vacacional estival suele significar una ruptura con nuestro día a día. Es una huida o una salida de la rutina supuestamente para desconectar y recargar energías. Por lo tanto parece acertado hablar de volver a entrar en ella una vez consumidas y consumadas las semanas de vacaciones.

Todos sabemos lo que cuesta volver a esa rutina. Y, además, hacerlo con las “pilas cargadas” como parecen exigirnos el trabajo y el entorno. Pasar de la relajación estival de horarios y costumbres al acelerado ritmo de vida habitual no es fácil, de ahí la habitual recomendación de volver a casa unos días antes de reincorporarse al trabajo, para ir “haciéndose” a las obligaciones e ir desembarazándose de la pereza adquirida en la playa o en la montaña, o donde sea.

Precisamente, durante estas vacaciones me he percatado de que el museo de Zoología de Barcelona ha cerrado sus puertas para acometer una reforma importante, lo que publicita al exterior con la frase “Cerrado por evolución. Volvemos en 2011”. Es una frase redonda, y no sólo por las lógicas connotaciones darwinianas, sino porque al mencionar el motivo “evolución” va mucho más allá que con el tradicional “cerrado por reforma”. Da la sensación de que van a tomarse muy en serio su cierre de un año para repensar y reinventar su concepto de museo. Es algo muy similar al cierre del restaurante “El Bulli” anunciado por Ferrán Adrià para el verano del 2011. En ese caso, el “parón” será de más de dos años, tiempo que se dan el prestigioso chef y su equipo para reinventar su modelo de negocio de restauración.

¿Y qué tiene que ver el cierre del museo de Zoología y el del Bulli con las vacaciones? Pues que nuestras vacaciones de verano son, o deberían ser, nuestro “cerrado por evolución” anual. Y no me refiero a los propósitos más o menos triviales intrínsecamente veraniegos (deporte, lectura, descubrimiento de nuevos destinos culturales, etc) que solemos incumplir clamorosamente… Las vacaciones son el momento idóneo anual para hacer balance de nuestro “curso” pasado y, si no estamos suficientemente satisfechos, para establecer ajustes o mejoras sustanciales en lo que concierne a nuestro rumbo vital, aunque eso signifique no rendirse incondicionalmente a las tentadoras pereza y molicie estivales.

¿Han hecho balance?

¿Han establecido objetivos para evolucionar?

Si lo han hecho, ahora, en septiembre, toca lo más difícil: empezar a ejecutar esa reinvención que, con mayor o menor intensidad, hemos acordado con nosotros mismos. A partir de la “rentrée”, ese podría ser el plan nuestro de cada día. ¿No les parece?

La foto aparece en http://www.cooperantesblog.com/wp-content/uploads/2009/01/oficina.gif

1 comentarios:

Gabriel Ginebra dijo...

Enrique. Un gran artículo tanto en la forma y en la anécdotas que explicas, como en la conclusión que extraes.
Muchos tenemos este hábito psicológico de ver el curso desde cierta distancia en septiembre. Será difícil si no hacer un balance final. Y es importante pensar que las cosas son como las vemos en septiembre. Felicidades