viernes, julio 30, 2010

Que trabaje Rita [Antonio Pamos]

Que España no es un ejemplo de abnegación en el trabajo es conocido dentro y fuera del país.

Explicaciones las hay por decenas y todas ellas suelen coincidir en el estilo de vida latino: que el clima no acompaña, que la vida se hace en la calle, que los bares siempre reclaman a uno para que los visite, que somos más familiares, etc.

Con esta reflexión no pretendo entrar a dignificar el trabajo con la santa mojigatería benedictina del Ora et Labora, pero sí hacer valer que desde múltiples ángulos el mensaje que llega es que trabajar es un coñazo.

En estos días, la ONCE está promocionando un sorteo especial de verano. Resulta curioso que el argumento para jugar, una vez más, gire en torno a que si te toca dejarás de trabajar, con todo lo que eso implica, desde dar una patada en el culo al jefe hasta hozar en la arena de una playa caribeña hasta que el color nos mimetice con las palmeras.

Pero más allá de estos mensajes para adultos, los niños desde pequeños reciben esas mismas señales, bien de los propios padres, hartos de jefes, clientes o compañeros o de los mismos tebeos que muestran habitualmente una situación conflictiva, si no violenta, entre empleado y empleador.

Además, en la formación religiosa (quien la reciba) se enseña a los mismos niños que el Pecado Original conllevó parir con dolor (no existía la epidural entonces) y ganar el pan con el sudor que expele la frente de uno.

Se entiende pues, que el trabajo sea considerado como un cáncer, como una mala suerte inevitable de la que sólo se libran unos pocos, bien por su abolengo regio, bien por su cuenta corriente o bien por ambas a la vez.

Yo sí creo que el trabajo puede ser una gran fuente de satisfacción y autorrealización personal. También creo que el ocio, la familia o los amigos pueden alimentar y engordar la autoestima. Sin embargo, lo difícil de conciliar estas fuentes de gozo lleva generalmente a optar por las últimas y relegar el trabajo a mera condición de padecimiento inevitable.

Esta semana leí que al 70% de los trabajadores españoles les gustaría ser funcionarios. A nadie se le escapa que detrás de este aserto lo que se esconde (o se muestra sin pudor) es que trabajar escuece y como en un buen parto que sea una hora rápida

La fotografía aparece en http://freud66.files.wordpress.com/2010/07/noticias_cancun2133.jpg