lunes, junio 28, 2010

Ring, ring, ¿qué hago? [Javier Martín de la Fuente]


Eran las 9.40, reunido con un cliente, y como me suele pasar, se me olvidó apagar el móvil. En fin, lo pongo en silencio y aguanto la “delicada mirada de mi interlocutor” Vuelve a sonar, uff… ya está en silencio. Salvado.
Salgo a la calle y devuelvo la llamada, ¿qué le pasará, para insistir? Hola, perdona estaba reunido. Cuéntame. Y lo siguiente que oigo no dejará de sorprenderme nunca. “Te llamaba porque me han dejado un mensaje y antes de contestar quería consultar contigo como lo hago” Díme, ¿Qué quieres comentar? “Creo que es una persona de una compañía de head hunting que no conozco, quería preguntarte si tu sabes algo de los niveles profesionales que mueve, si la conoces y cómo afronto la llamada, por si me pregunta por el salario o si crees que debo intentar sentarme con ellos”.
No digo, que no tenga que asesorarle, por compañerismo, amistad o porque su ex-compañía le esté dando soporte con un programa de outplacement. Pero, ¿qué le ocurre a todo un director general para hacer semejantes preguntas? Si fuese cosa de una persona, de manera aislada, lo achacaría a ella, pero como no, como se repite con asiduidad, no veo otra salida que achacarlo al momento de presión personal por el que pasan.
La diferencia entre un directivo en activo y otro que ha perdido su puesto de trabajo no es otra que la que él o ella quiera darse. Si se le plantea la misma situación, pero en su puesto de trabajo, no llama, no busca apoyo. Si lo busca ahora, hasta el punto de no responder inmediatamente, a lo que yo considero algo tan sencillo, es por la falta de confianza en sí mismo. ¿Os figuráis un directivo sin confianza en sí mismo?
Recuperar la confianza, o mejor dicho desenterrarla, es lo primero que un ejecutivo debe afrontar a la hora de localizar un nuevo puesto de trabajo, antes incluso de ponerse a tocar el balón frente a supuestos retos menores.
Responder a la pregunta de ¿por qué estoy en esta situación? sinceramente, es el comienzo, analizar el grado de culpabilidad que se ha tenido para llegar a ella y reflexionar sobre las competencias propias de la función de la que se es responsable, son las armas para desenterrar esa confianza. ¿A caso, estamos ante personas distintas? No. Es el mismo individuo, un mes antes, en el momento en que fríamente le despiden o un mes después. Lo único que cambia es la visión sobre si mismo que tiene en cada momento y que le hace actuar de manera diferente.
Antes de ponerte a buscar un cambio asegúrate saber lo que quieres y confía en ti. Aún así, el teléfono seguirá sonando y las preguntas seguirán llegando.


La fotografía es de http://lasunciontaller.blogspot.com/2009/01/riiiinnng-por-olvido-argello-garca.html