martes, junio 22, 2010

La felicidad se aprende [Enrique Alcat]


Me quedo con dos aproximaciones a la felicidad: la primera entendida como “ausencia de miedo” y la segunda como “estar con la persona amada y no tener colesterol”. Si mezclamos las tres ideas con el trabajo rápidamente podremos deducir que quien es feliz en su vida privada, porque no tiene miedos, porque ama y es amado/a y goza de buena salud, está en predisposición de afrontar mejor su vida profesional.

Los empleados, dicen, no se van de las empresas (salvo que los echen) sino de sus jefes. Y se van porque no sólo no son felices en su ámbito profesional sino porque además el trabajo les influye negativamente en su faceta personal. El desencanto creciente en nuestro país hacia los jefes y por extensión hacia las empresas se traduce en una grandísima falta de felicidad por no hablar de ausencia de valores más elementales como respeto, humanidad, ética, excelencia, integridad, etc.

Mi naturaleza positiva me lleva siempre a intentar trabajar en aquellos proyectos y con aquellas personas que con independencia del tema económico me resulte gratificante desde el punto de vista del salario emocional. Como conocedor de la comunicación en pequeñas, grandes y multinacionales empresas siempre hay un denominador común: máxima eficacia (que no eficiencia) al menor precio posible donde las personas son casi mera anécdota (digo casi porque hay excepciones muy honrosas) y lo que importa es “sólo” la cuenta de resultados. Gravísimo error. He podido comprobar que los empleados que son felices en sus empresas no sólo hacen felices a sus jefes sino que, además, generan un caudal inimaginable de ideas que a la larga se convierte en recursos positivos de todo tipo. La felicidad genera, también, beneficios económicos.

Pienso que hemos venido a este mundo no para hablar de crisis y ni mucho menos para sufrirla sino para ser felices, incluso, en épocas de recesión y situaciones muy complicadas como la presente. Debería estar reconocido por la constitución de cada empresa la obligatoriedad de ser felices mucho antes que la de entrar a la hora o cobrar a finales de mes. Ser feliz es rentable desde todos los puntos de vista y además las empresas donde “da gusto trabajar” hacen del compromiso entre las partes su razón de ser. Deberían pedir a muchos directivos/empresarios no sólo saber idiomas, experiencia y mba´s sino también un postgrado en felicidad. La felicidad es un grado que ayuda a crecer no sólo en la empresa sino en la vida. Enseñemos felicidad. Se puede y se debe aprender felicidad porque se puede y se debe trabajar siendo lo suficientemente felices porque de lo que estamos hablando es de personas y no de un recurso más en el complejo entramado empresarial...


La fotografía es de la web hannaichi.wordpress.com/2009/05/23/la-vida-no-se-trata-de-eso/

2 comentarios:

sonia dijo...

Totalmente de acuerdo con la esencia del post.Para las organizaciones que su personal sea feliz debería ser una obligación porque además(ya siendo egoista desde el pv de la empresa) si lo que quiere es BFs, perdurabilidad en el tiempo, ser innovadora /creativa, lo mejor que puede hacer es no hacer de sus empleados personas infelices. Espero que las conclusiones a las que se llegaron en el Congreso de AEDIPE este año que precisamente habló de la felicidad en el trabajo no sean sólo teoría sino que se apliquen a la práctica. De la utópía a la realidad.

Un placer el post.

Anónimo dijo...

por aqui hay algun ejemplo de la vida real

y tambien algunas indicaciones de que al mas alto nivel de management de todo tipo de colectivos podria estar empezandose a tomar en serio esto, e incluso buscandose los primeros medidores que se podrian aplicar

http://www.ted.com/talks/chip_conley_measuring_what_makes_life_worthwhile.html