viernes, junio 18, 2010

El torero cobarde [Juan Pablo Ventosa]


Tiempo atrás escribía en este mismo blog bajo el título “Hacer lo que toca o tocar lo que hacen”. Hoy, camino de Madrid en el AVE, mi primera intención ha sido titular esta aportación con el título “Hacer lo que dicen o decir lo que hacen” sin embargo he preferido rendir un homenaje al recientemente famoso torero cobarde, de quien tanto he aprendido en tan poco tiempo.

Debo reconocer que jamás he ido a los toros, quien sabe si porque mi abuelo fue dos veces en su vida y en las dos le robaron la cartera, y que a menudo utilizo metáforas del ambiente como por ejemplo que la crisis es, sin lugar a dudas, un toro más o menos grande para muchos empresarios.

Hoy analizaré la situación en la que alguien que dice que va a hacer o lograr algo... finalmente no ocurre. Esta ha sido la situación provocada por mi nuevo maestro, el novillero mejicano Christian Hernández y que es perfectamente trasladable a cualquier entorno profesional.

Alguien que tiene la osadía de pedir que se confíe en él, comprando una entrada para un espectáculo taurino, y que al final huye corriendo genera ruido y tiene consecuencias: abucheos del público, recorte de coleta, humillación pública en todas las cadenas de televisión, y en más de 4.000 referencias en Google en un solo día, detenido por la policía y acusado por incumplimiento de contrato. Mucha penitencia para, siendo sinceros, como máximo considerarlo como un pecado venial.

Personalmente me inclino más por indultar al torero cobarde que por crucificarle aunque claramente discrepo con sus declaraciones cuando le entrevistaron por televisión y dijo literalmente, y en un tono un pelín chulesco, “si al final no he tenido coj... no es culpa mía”. Pues bien, yo sí creo que Christian es culpable pero no de su reacción, humanamente comprensible, sino de haber tomado públicamente la decisión de asumir un riesgo elevado a cambio del reconocimiento y la aceptación social. De decir las cosas que los otros quieren oír o tal vez, de hacer las cosas que otros quieren que haga. Las cosas que se dicen, Christian, se hacen porque sino, al igual que pasa en muchas relaciones personales y profesionales, la confianza y la credibilidad se rompe. Y ya sabemos lo difícil que es reconstruir una relación de confianza, y si no nos hacemos una idea imaginémonos al pobre torero cobarde intentando convencer a algún empresario taurino para que le contraten otra vez.

Pero hagamos un ejercicio de empatía. ¿qué provocó que el torero cobarde huyera de la situación que él mismo quiso, o dijo que quería, asumir? El miedo, sin lugar a dudas. Pero miedo, ¿a qué? ¿al fracaso? ¿a una cornada o a la muerte? ¿al dolor que causaría a su madre y demás seres queridos? No lo sé en este caso pero, sin intentar juzgarle en absoluto, parece que prefirió afrontar la vergüenza, y perder la confianza depositada en él, a intentar superar el miedo.

Me he encontrado muchas veces como jefe o como colaborador con situaciones parecidas a las de Christian (perdón que le tutee pero a estas alturas uno ya le tiene un poco de cariño), desde asumir objetivos que nunca se hacen realidad hasta convocar sesiones de feedback inocuas o inexistentes. Cada vez que uno dice que va a hacer algo y no lo hace tiene unos motivos. ¿qué motivos son los que le impiden a usted hacer lo que dice?

La fotografía es de discurriendo.wikispaces.com/tauromaquia