
Desde muy pequeño me impresionó la figura de Poncio Pilato, no entendía muy bien por qué era juzgado tan severamente su comportamiento y su actitud era vilipendiada dentro de la narración de la pasión de Jesús. A mis jóvenes ojos, su comportamiento se me hacía normal y creía que lo único que hizo fue tratar de salvar a Jesús dentro de sus responsabilidades y ámbito de actuación. Durante bastantes años no había vuelto a pensar en ello.
Esta última Semana Santa, que acabamos de finalizar , he reparado nuevamente en esa figura controvertida. A los ojos de muchas personas, seguramente hizo lo que más convenía, a él, me refiero, tratando de mantener equidistancia entre una postura y otra, y buscando un equilibrio difícil entre dos intereses y normas claramente contrapuestas. Su decisión le atormentaba seguramente, y fruto de su pesar y miedo a ser o bien repudiado por el pueblo judío o bien destituido por el gobierno de Roma, trató de buscar una salida intermedia, es seguro que hizo todo lo posible para ello, pero no es menos cierto que fracasó en su intento, ya que no obtuvo el reconocimiento ni de unos ni otros.
Tal es así, que cuando queremos hoy en día conminar a alguien a que se posicione le decimos frases como "no te laves las manos" en clara referencia a la actitud de Pilato. Nuestras organizaciones se llenan con frecuencia de personas que como Pilato tratan de transitar por las decisiones que han de tomar buscando la equidistancia y el no molestar a nadie. No digo yo que haya que buscar el enfrentamiento o el conflicto "per se" pero los posicionamientos grises y poco definidos con el único fin de "salvar el puesto y la buena fama" son demasiado comunes, afectan al conjunto de las personas implicadas y normalmente tampoco consiguen ni la supervivencia ni el reconocimiento de quien lo pretende con esa actitud poco comprometida. En esta sociedad y en estos últimos tiempos que nos han tocado vivir observo en algunos de nuestros dirigentes a algunos "Pilatos" que no toman las decisiones que tienen y deben tomar para garantizar el bien común, unos con las reformas laborales y económicas, otros con los casos delictivos y de falta de ética que afectan a sus dirigentes y militantes.
En todo caso, y si aprendiéramos de la historia lo que no granjean estas actitudes es ni el reconocimiento ni la supervivencia en los puestos ocupados, con lo que lo más probable es que la ciudadanía, que es más sabia de lo que algunos creen, les acabará enviando al ostracismo, y lo único malo es que hasta que llegue esa hora nos veremos abocados a situaciones penosas y críticas cuyas consecuencias podrían haber sido evitadas.
La única duda que me queda, en el caso de Pilato, es si él era libre o no para tomar otra decisión de la que tomó y si nuestros dirigentes se amparan en unas limitaciones que nadie les ha impuesto más que su propio egoísmo.
La única duda que me queda, en el caso de Pilato, es si él era libre o no para tomar otra decisión de la que tomó y si nuestros dirigentes se amparan en unas limitaciones que nadie les ha impuesto más que su propio egoísmo.
La fotografía es de la web parte de la religión
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada