
Uno de los grandes retos actuales en el mundo del management es la gestión del talento. Cómo manejar y explotar, en el mejor sentido de la expresión, las capacidades y el potencial de los profesionales de la organización, especialmente de los altamente cualificados, de aquellos que marcan la diferencia. El término “gestionar” es un todo que se subdivide en tres partes: a) cómo atraer, b) cómo desarrollar y c) cómo retener a colaboradores productivos. Claro, cuando una organización logra atraer y desarrollar, se esfuerza denodadamente en retener (¿se imaginan al FC Barcelona perdiendo a Messi?).
Vayamos al meollo. Centrémonos en la gestión del talento individual, de nuestro propio talento.
Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, el talento es el conjunto de facultades o capacidades artísticas e intelectuales. Los expertos dicen que cada persona nace con un talento diferente. La clave está en saber identificarlo. Y el súmmum es elegir una profesión que permita desarrollarlo.
Pero no es fácil… Es habitual conocer a gente que se muestra muy insatisfecha con su trabajo, entre otras cosas por estar muy alejado de sus habilidades y de sus preferencias Hay mucho talento oculto o latente, que a lo mejor no se demuestra nunca. Ese técnico de recursos humanos que podría ser muy buen vendedor. Ese vendedor que podría ser un gran economista. Y no sólo hay que pensar en el ámbito empresarial estricto. Ese carnicero que podría ser un excelente escritor. Ese escritor que podría ser un estupendo abogado. Ese abogado que podría ser un gran médico…
Si Messi o Cristiano Ronaldo viven de su talento... ¿Por qué no nosotros? Todo es proponérselo.
De vez en cuando, uno se topa con gente que, tras años en una determinada profesión, ha cambiado radicalmente de vida. El economista reconvertido en restaurador, el publicista reconvertido en hotelero, etc. Si se les pregunta al respecto, se observa que no suelen echar de menos su vida anterior, todo lo contrario. Debe ser porque acertaron en su decisión de cambio. Y, probablemente, encontraron una vía de desarrollo de su talento (y su pasión).
Vivimos tiempos agitados. La crisis de nunca acabar está provocando convulsiones en las empresas y en las personas. Las crisis ambientales y las crisis personales pueden ser el momento para algún que otro replanteamiento vital.
Pues eso… Empecemos quizá contestándonos a tres simples preguntas: 1) ¿Qué sé hacer? (¿Qué se me da especialmente bien?, ¿Cuál es mi talento?), 2) ¿Me gusta? Y 3) ¿Puedo llegar a vivir de ello?
Vayamos al meollo. Centrémonos en la gestión del talento individual, de nuestro propio talento.
Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, el talento es el conjunto de facultades o capacidades artísticas e intelectuales. Los expertos dicen que cada persona nace con un talento diferente. La clave está en saber identificarlo. Y el súmmum es elegir una profesión que permita desarrollarlo.
Pero no es fácil… Es habitual conocer a gente que se muestra muy insatisfecha con su trabajo, entre otras cosas por estar muy alejado de sus habilidades y de sus preferencias Hay mucho talento oculto o latente, que a lo mejor no se demuestra nunca. Ese técnico de recursos humanos que podría ser muy buen vendedor. Ese vendedor que podría ser un gran economista. Y no sólo hay que pensar en el ámbito empresarial estricto. Ese carnicero que podría ser un excelente escritor. Ese escritor que podría ser un estupendo abogado. Ese abogado que podría ser un gran médico…
Si Messi o Cristiano Ronaldo viven de su talento... ¿Por qué no nosotros? Todo es proponérselo.
De vez en cuando, uno se topa con gente que, tras años en una determinada profesión, ha cambiado radicalmente de vida. El economista reconvertido en restaurador, el publicista reconvertido en hotelero, etc. Si se les pregunta al respecto, se observa que no suelen echar de menos su vida anterior, todo lo contrario. Debe ser porque acertaron en su decisión de cambio. Y, probablemente, encontraron una vía de desarrollo de su talento (y su pasión).
Vivimos tiempos agitados. La crisis de nunca acabar está provocando convulsiones en las empresas y en las personas. Las crisis ambientales y las crisis personales pueden ser el momento para algún que otro replanteamiento vital.
Pues eso… Empecemos quizá contestándonos a tres simples preguntas: 1) ¿Qué sé hacer? (¿Qué se me da especialmente bien?, ¿Cuál es mi talento?), 2) ¿Me gusta? Y 3) ¿Puedo llegar a vivir de ello?
La foto es de la web mendoza.edu.ar
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