viernes, abril 16, 2010

El "lujo" de innovar [Plácido Fajardo]


Uno de mis clientes nos ha encargado la búsqueda de un Director de Proyectos Tecnológicos que habrá de ocuparse, entre otras cosas, de canalizar iniciativas transformadoras e innovadoras, relacionadas con la gestión de sus clientes. Es una excelente compañía de brillantes resultados, aún en estos tiempos, y la prueba de su excelencia es justamente llevar a cabo encargos como éste. Quieren hacer cosas nuevas, que hoy ni siquiera tienen pensadas, pero intuyen que no están haciendo, y van a poner al frente a alguien para que tire de ese carro. Chapeau!!

A raiz de este proyecto he mantenido conversaciones con un buen puñado de profesionales que han ejercido en sus carreras un cierto rol de adalides de la innovación, de alguna manera. De paso, también he indagado un poco acerca de las definiciones de innovación. Una de las que me ha gustado más es la que proporciona el "I2BC", es decir, el Instituto para la Innovación sobre el Bienestar Ciudadano, organismo mixto público-privado, impulsado por la Junta de Andalucía y ubicado en el Parque Tecnológico de Málaga, y que dirige un buen amigo. Según ellos, "la innovación es el proceso de puesta en valor de una idea.(...), no basta ser creativos, si la idea no se hace tangible en alguna forma de plusvalía". Me ha resultado muy interesante la matización. Al final del todo es inevitable un cierto fin utilitarista, de aportación de valor, que da justificación última a la existencia de las cosas.

No obstante, identificar a quienes se dedican como principal misión a la innovación con "violinistas" es una tentación fácil en la que muchos caen. Craso error. La innovación como actitud, la inciativa creativa que aporta valor es la ventaja competitiva diferencial, especialmente en estos momentos, por cierto. Además, parece que esa función es una especie de lujo al alcance sólo de unas pocas empresas privilegiadas, que pueden pagar por ello, cuando en realidad las novedades más transformadoras de los últimos años han surgido de entornos pequeños y modestos, aunque muy ágiles, libres y plagados de talento.

Lo mejor es que el rol innovador vaya con cada uno de nosotros en alguna parte alicuota. Pensar en lo nuevo, en lo diferente, como agregador de valor a nuestro trabajo es una aspiración encomiable. Desarrollar esa actitud de manera extendida debería ser una obsesión, si se me permite, para quienes intentamos hacer de la función de RRHH en las organizaciones un modelo a seguir.


La fotografía es de la web pro educ