
En estos tiempos difíciles, hay un amplio consenso en que para que una empresa pueda superar la crisis con éxito (es decir, sobrevivir) todos deben arrimar el hombro. Dicho de otra forma, es necesario un compromiso decidido de los empleados con los retos de su empresa, lo que se concreta en que les vamos a pedir que hagan sacrificios y esfuerzos extra de forma temporal… y ya vendrán tiempos mejores.
Hay muy buenos ejemplos de ello, por parte de empresarios y trabajadores, donde arrimando todos el hombro están trampeando bastante bien la situación. Pero lamentablemente hay situaciones donde se olvida una cuestión básica: el compromiso hay que merecérselo, como empresa y como directivo. Y para hacerse merecedor del compromiso, una cuestión fundamental es la coherencia. Dos ejemplos para la reflexión:
Empresa inmobiliaria que en los últimos cinco años ha tenido unos beneficios espectaculares y que han salido de la empresa en forma de dividendos (totalmente legítimos) para sus accionistas. En el último año, por las razones que todos conocemos, han despedido a la mitad de la plantilla. Lo que están pensando los que se quedan es fácil de imaginar “cuando les fue bien… y en cambio ahora…”. Después de la crisis, contratarán nuestros servicios o los de otros colegas para que les ayudemos a generar compromiso con el éxito de la empresa. Y lo tendremos realmente difícil. Cuestión de coherencia.
Otro ejemplo. Indemnizaciones millonarias derivadas de contratos blindados, de los mismos directivos que en la mesa de negociación reclaman la gratuidad del despido ¿coherencia?
El compromiso hay que merecérselo. Sí, cuestión de coherencia, y de responsabilidad social, pues sí, la RSC también era eso
Hay muy buenos ejemplos de ello, por parte de empresarios y trabajadores, donde arrimando todos el hombro están trampeando bastante bien la situación. Pero lamentablemente hay situaciones donde se olvida una cuestión básica: el compromiso hay que merecérselo, como empresa y como directivo. Y para hacerse merecedor del compromiso, una cuestión fundamental es la coherencia. Dos ejemplos para la reflexión:
Empresa inmobiliaria que en los últimos cinco años ha tenido unos beneficios espectaculares y que han salido de la empresa en forma de dividendos (totalmente legítimos) para sus accionistas. En el último año, por las razones que todos conocemos, han despedido a la mitad de la plantilla. Lo que están pensando los que se quedan es fácil de imaginar “cuando les fue bien… y en cambio ahora…”. Después de la crisis, contratarán nuestros servicios o los de otros colegas para que les ayudemos a generar compromiso con el éxito de la empresa. Y lo tendremos realmente difícil. Cuestión de coherencia.
Otro ejemplo. Indemnizaciones millonarias derivadas de contratos blindados, de los mismos directivos que en la mesa de negociación reclaman la gratuidad del despido ¿coherencia?
El compromiso hay que merecérselo. Sí, cuestión de coherencia, y de responsabilidad social, pues sí, la RSC también era eso
La foto es de la web investigaciones .cl
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