lunes, febrero 22, 2010

A nuestros anónimos ayudantes [Jorge Cagigas]


La verdad es que el día traía muchas tentaciones para escribir un artículo diferente (pactos de estado, reformas laborales, sindicalistas de viejo cuño, motosierras y otras muchas noticias) pero como habrá ocasiones próximas para hablar de ello, he decidido dedicar el artículo en las puertas del fin de semana a esas personas que nos ayudan diariamente y a las que muchas veces ignoramos o no reconocemos. Para ello me permito transcribir aquí una historia anónima que unos buenos amigos me regalaron en un cuadro, hace ya mucho tiempo, y a la que ya he hecho mención en alguna reciente intervención. Siguiendo alguna de nuestras sugerencias en algún post anterior me permito escribirla en inglés y español.


FOOTPRINTS IN THE SAND
One night a man had a dream. He dreamed he was walking along the beach with the LORD. Across the sky flashed scenes from his life. For each scene, he noticed two sets of footprints in the sand one belonging to him, and the other to the LORD.
When the last scene of his life flashed before him, he looked back at the footprints in the sand. He noticed that many times along the path of his life there was only one set of footprints. He also noticed that it happened at the very lowest and saddest times in his life.
This really bothered him and he questioned the LORD about it. “LORD, you said that once I decided to follow you, you’d walk with me all the way. But I have noticed that during the most troublesome times in my life, there is only one set of footprints. I don’t understand why when I needed you most you would leave me”.
The LORD replied “My precious, precious child, I love you and I would never leave you. During your times of trial and sufering, when you see only one set of footprints, it was then that I carried you”.


HUELLAS EN LA ARENA
Una noche un hombre tuvo un sueño. Soñó que caminaba por la playa con el Señor. En el cielo iban apareciendo escenas de su vida. En cada escena observó que había en la arena de la playa dos pares de huellas de pies una que eran suyas y las otras del Señor.
Cuando apareció la última escena de su vida delante de sus ojos, miró hacia atrás para observar las huellas que había en la arena. Notó que repetidamente a lo largo del camino de su vida en muchas ocasiones sólo había un par de huellas, y que esto ocurría en los momentos más tristes y difíciles de su vida.
Al darse cuenta de esto se molestó bastante y se dirigió al Señor y le preguntó. “Señor dijiste que una vez que hubiera decidido seguirte caminarías siempre a mi lado todo el camino, pero he observado que durante los momentos más turbulentos de mi vida, hay sólamente un par de huellas en la arena. No entiendo por qué me abandonaste cuando más te necesitaba”
El Señor le contestó “ Mi querido hijo, te amo y nunca te abandoné. En los momentos de desgracias y sufrimiento, cuando ves sólamente un par de huellas, eran las mías porque te llevaba en brazos”.

Más allá de la creencia o no en el Señor, hay muchas personas en nuestro entorno que nos ayudan y han ayudado en esos momentos difíciles, y ni tan siquiera nos hemos dado cuenta de que "nos llevaban en brazos", incluso en alguna ocasión seguramente hemos recriminado su supuesta pasividad cuando era todo lo contrario. Del mismo modo, en nuestro quehacer diario y en nuestra profesión de recursos humanos hemos intervenido muchas veces para tratar de ayudar a personas o colectivos y algunas veces hemos recibido comentarios acusándonos de lo contrario, e incluso recriminándonos nuestra actitud. Seguramente esa es una de las grandezas de la profesión y de la humanidad inherente a la persona.
Gracias a todos aquellos que así se han comportado conmigo, a los que tengo identificados y a los que he podido ignorar, y espero que nosotros también seamos esos anónimos ayudantes de las personas que tenemos en nuestro entorno sin esperar nada a cambio.


La foto es de Yadira Moguel alegria's weblog