“Coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución”. Esta es la definición de crisis según Wikipedia. Si nos paramos a pensar en nuestro entorno y observamos las caídas en las bolsas, en el PIB, la alarmante subida del paro, la quiebra de importantes entidades financieras internacionales sumado a los constantes mensajes negativos económicos de gobiernos e instituciones internacionales, podemos pensar que sí, que efectivamente existe una coyuntura de cambios en una realidad organizada pero inestable, el mundo.
Seguidamente pensamos ¿en qué nos afectará todo esto a nosotros? y, consecuentemente, pensaremos en nuestros colaboradores, en los que nos hacen falta, en los que queremos que se queden junto a nosotros y nos ayuden a superar el “bache”. En tiempos de incertidumbre, los Directivos deben preocuparse por sus empleados. Únicamente así se preocuparán por sus clientes y por el futuro de la empresa. En momentos de crisis, debemos lograr retener y fidelizar el talento real, mientras que podemos y debemos desarrollar el talento potencial. Esto es gestión del compromiso.
A pesar de no tratarse de un tema novedoso, el compromiso de los empleados, sigue siendo, y más hoy, un tema fundamental y todavía pendiente. Es necesario que las Empresas dediquen tiempo y esfuerzo a fomentar el compromiso. De lo contrario, el futuro puede ser aun más complicado de lo que se presenta hoy, ya que si el colaborador está poco satisfecho, comprometido, desanimado, dudoso e inseguro, estos sentimientos acabarán repercutiendo directamente en el resultado final del trabajo.
¡Y en tiempos como los actuales lo que menos conviene es dejar perder clientes! Y no nos referimos únicamente al cliente final sino también al cliente interno. Ambos adquieren una gran importancia y debemos aprender a tratarlos y gestionarlos adecuadamente e individualmente.
Tal y como se dice popularmente “cada persona es un mundo”. Deberíamos poner en práctica la frase en cuestión. Probablemente deberíamos realizar un ejercicio reflexivo profundo y plantearnos quienes somos, quienes son nuestros clientes internos y externos, cómo debemos gestionarlos a ambos,.... Quizás deberíamos mirarnos al espejo, y dedicar un poco de nuestro escaso tiempo a pensar en nosotros, nuestros valores, nuestros objetivos, nuestra forma de ser y de actuar. Quizás deberíamos permitir que alguien nos diera feedback acerca de tan importantes cuestiones para identificar nuestros “puntos ciegos” que tanto nos cuesta descubrir y, muchas veces, aceptar. No estoy hablando de otra cosa que el autoconocimiento profundo de uno mismo.
Tal y como muy bien dice Alex Rovira en La Brújula Interior, “Un buen jefe sólo puede serlo para los demás cuando lo es para sí mismo. Esa es la clave del liderazgo”. El Auto-Liderazgo es entonces un aspecto esencial para ser un buen líder y consecuentemente poder gestionar el compromiso adecuadamente. A pesar de que se trate de un mensaje sabido, debemos recordarlo y más en tiempos de crisis donde necesitamos mantener cierta dosis de serenidad.
Una vez conseguido avanzar en este importante objetivo, debemos pensar en nuestros colaboradores. Debemos realizar el mismo ejercicio y, así, fomentar aun más nuestro liderazgo personal. En él deberíamos lograr conocer a nuestros colaboradores de forma individual y personalizada. No me refiero al conocimiento del otro de forma básica, no basta con saber cómo se llama, qué hace y si tiene o no hijos. El conocimiento de los demás debe realizarse a un nivel más profundo que implique conocer sus intereses, preocupaciones, expectativas, retos, objetivos, miedos, ilusiones, proyectos, etc. ¿sabemos si tienen miedo? ¿nos abandonarían en tiempos de bonanza? ¿están implicados o sencillamente retenidos? ¿sufren ahora mismo el “efecto tortuga” de esconderse tras el caparazón?. ...
Sólo así podremos saber y descubrir qué y cómo podemos hacer para mejorar su compromiso. Si no sabemos quién es nuestro colaborador no podremos llegar nunca a saber qué debemos hacer para “comprometerle”. Tal y como decía Khalil Gibran, ensayista y novelista del siglo pasado “Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho no te fijes en lo que ha logrado sino en lo que aspira a hacer”.
Alan Greenspan decía en su momento que “la incertidumbre des compromete” y más después de un “exceso de certidumbre” tras estos últimos años. Como Líderes tenemos la responsabilidad de frenar y corregir esta tendencia. Que así sea.
Seguidamente pensamos ¿en qué nos afectará todo esto a nosotros? y, consecuentemente, pensaremos en nuestros colaboradores, en los que nos hacen falta, en los que queremos que se queden junto a nosotros y nos ayuden a superar el “bache”. En tiempos de incertidumbre, los Directivos deben preocuparse por sus empleados. Únicamente así se preocuparán por sus clientes y por el futuro de la empresa. En momentos de crisis, debemos lograr retener y fidelizar el talento real, mientras que podemos y debemos desarrollar el talento potencial. Esto es gestión del compromiso.
A pesar de no tratarse de un tema novedoso, el compromiso de los empleados, sigue siendo, y más hoy, un tema fundamental y todavía pendiente. Es necesario que las Empresas dediquen tiempo y esfuerzo a fomentar el compromiso. De lo contrario, el futuro puede ser aun más complicado de lo que se presenta hoy, ya que si el colaborador está poco satisfecho, comprometido, desanimado, dudoso e inseguro, estos sentimientos acabarán repercutiendo directamente en el resultado final del trabajo.
¡Y en tiempos como los actuales lo que menos conviene es dejar perder clientes! Y no nos referimos únicamente al cliente final sino también al cliente interno. Ambos adquieren una gran importancia y debemos aprender a tratarlos y gestionarlos adecuadamente e individualmente.
Tal y como se dice popularmente “cada persona es un mundo”. Deberíamos poner en práctica la frase en cuestión. Probablemente deberíamos realizar un ejercicio reflexivo profundo y plantearnos quienes somos, quienes son nuestros clientes internos y externos, cómo debemos gestionarlos a ambos,.... Quizás deberíamos mirarnos al espejo, y dedicar un poco de nuestro escaso tiempo a pensar en nosotros, nuestros valores, nuestros objetivos, nuestra forma de ser y de actuar. Quizás deberíamos permitir que alguien nos diera feedback acerca de tan importantes cuestiones para identificar nuestros “puntos ciegos” que tanto nos cuesta descubrir y, muchas veces, aceptar. No estoy hablando de otra cosa que el autoconocimiento profundo de uno mismo.
Tal y como muy bien dice Alex Rovira en La Brújula Interior, “Un buen jefe sólo puede serlo para los demás cuando lo es para sí mismo. Esa es la clave del liderazgo”. El Auto-Liderazgo es entonces un aspecto esencial para ser un buen líder y consecuentemente poder gestionar el compromiso adecuadamente. A pesar de que se trate de un mensaje sabido, debemos recordarlo y más en tiempos de crisis donde necesitamos mantener cierta dosis de serenidad.
Una vez conseguido avanzar en este importante objetivo, debemos pensar en nuestros colaboradores. Debemos realizar el mismo ejercicio y, así, fomentar aun más nuestro liderazgo personal. En él deberíamos lograr conocer a nuestros colaboradores de forma individual y personalizada. No me refiero al conocimiento del otro de forma básica, no basta con saber cómo se llama, qué hace y si tiene o no hijos. El conocimiento de los demás debe realizarse a un nivel más profundo que implique conocer sus intereses, preocupaciones, expectativas, retos, objetivos, miedos, ilusiones, proyectos, etc. ¿sabemos si tienen miedo? ¿nos abandonarían en tiempos de bonanza? ¿están implicados o sencillamente retenidos? ¿sufren ahora mismo el “efecto tortuga” de esconderse tras el caparazón?. ...
Sólo así podremos saber y descubrir qué y cómo podemos hacer para mejorar su compromiso. Si no sabemos quién es nuestro colaborador no podremos llegar nunca a saber qué debemos hacer para “comprometerle”. Tal y como decía Khalil Gibran, ensayista y novelista del siglo pasado “Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho no te fijes en lo que ha logrado sino en lo que aspira a hacer”.
Alan Greenspan decía en su momento que “la incertidumbre des compromete” y más después de un “exceso de certidumbre” tras estos últimos años. Como Líderes tenemos la responsabilidad de frenar y corregir esta tendencia. Que así sea.

En tiempos de cambios rápidos, como los que vivimos han de hacerse cambios y ajustes igualmente rápidos y sobretodo derramarlos en una ágil cascada en la organización, del tamaño que esta sea, sin perder en ningún peldaño el sentido de urgencia y oportunidad. Las practicas de gestión que operan en regimen jerárquico la mayoría de las veces carecen de la flexibilidad necesaria para asegurar la alineación que asegure la penetración de los cambios en todos los niveles.
En la vida asistimos a un fenómeno que forma parte de su propia esencia: frente a realidades que desaparecen, hay otras que surgen cargadas de novedad y expectativas. La muerte produce tristeza, pero tantas veces se ve compensada por la alegría de nuevos nacimientos.

