Muy interesante la entrevista con Anna Cabré, publicada este fin de semana en El País Semanal. Interesante y esperanzadora. La evolución de la natalidad y la esperanza de vida en los países desarrollados llevaba camino de convertirse en una pesadilla para todos. La profesora Cabré señala algunos elementos esperanzadores. Por un lado, parece que la relación entre desarrollo humano y natalidad que parecía claramente negativa, esto es a mayor desarrollo humano menor natalidad, se invierte en el momento en que el índice de desarrollo humano supera el 90%, como es el caso español.
Otra idea interesante que debe mover a la reflexión es que los países con mayor fecundidad son aquelllos donde las mujeres trabajan más.
Finalmente, introduce algunas ideas sobre las personas de mayor edad. En mi opinión la más relevante es que no se puede "poner en un mismo paquete" a las personas en el tramo de edad de 65 a 75 años y a las personas mayores de 75 años o de 90 años. Para ella, las personas hasta 75 años no son viejas, idea que comparto plenamente. De ahí que el reto sea como estructurar una etapa de la vida que puede abarcar perfectamente cuarenta años (desde los 65 a los 105 años).
El debate está servido. Por una parte debemos empezar a abandonar las ideas establecidas sobre "las etapas de la vida". Charles Handy ya advirtió sobre ello. Se acabó la vida lineal con una etapa de formación y estudio, una etapa de trabajo y una etapa de retiro. Además, la profesora Cabré indica que hay que romper con otra idea preconcebida sobre la velocidad en alcanzar objetivos profesionales y sobre la estructura también lineal y creciente del currículo.
Interesantes reflexiones para todos pero en espacial para quienes nos dedicamos a la gestión de personas.
Otra idea interesante que debe mover a la reflexión es que los países con mayor fecundidad son aquelllos donde las mujeres trabajan más.
Finalmente, introduce algunas ideas sobre las personas de mayor edad. En mi opinión la más relevante es que no se puede "poner en un mismo paquete" a las personas en el tramo de edad de 65 a 75 años y a las personas mayores de 75 años o de 90 años. Para ella, las personas hasta 75 años no son viejas, idea que comparto plenamente. De ahí que el reto sea como estructurar una etapa de la vida que puede abarcar perfectamente cuarenta años (desde los 65 a los 105 años).
El debate está servido. Por una parte debemos empezar a abandonar las ideas establecidas sobre "las etapas de la vida". Charles Handy ya advirtió sobre ello. Se acabó la vida lineal con una etapa de formación y estudio, una etapa de trabajo y una etapa de retiro. Además, la profesora Cabré indica que hay que romper con otra idea preconcebida sobre la velocidad en alcanzar objetivos profesionales y sobre la estructura también lineal y creciente del currículo.
Interesantes reflexiones para todos pero en espacial para quienes nos dedicamos a la gestión de personas.
La foto es de La Revista
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