viernes, noviembre 13, 2009

Preparando la Navidad (José Ignacio Pérez)

A la vista de los escaparates, la instalación de luces y los anuncios de tv cualquiera diría que la Navidad empieza en una o dos semanas. Sin embargo quedan más de un mes.
Es algo recurrente, según parece cada año la Navidad comienza antes. Los preparativos se adelantan cada vez más en el tiempo. Da la impresión de que el último que llegue se queda sin Navidad.
¿Qué quiere decir tanta antelación? Algo aparentemente muy simple, cada vez es más difícil acceder al cerebro de los consumidores (el terreno de batalla definido por Trout y Ries en Márketing de Guerra y que posteriormente Trout y Rivkin conceptualizaron como posicionamiento) o “posicionarse” en su mente.
Según parece, la forma de posicionarse, actualmente, consiste en estar dos meses antes y sobre todo, muy intensamente, durante. Si este es el nuevo dogma del márketing… espero que esta Navidad, en plena perspectiva de posibilidad de brote verde de recuperación, nos coja confesados porque la publicidad va a ser intensísima.La defensas que genera el cerebro humano para mostrar algún tipo de resistencia ante tanta sugerencia y recomendación de compra son cada vez más fuertes lo que conlleva que las campañas publicitarias son cada vez más intensas o extensas para mantener el mismo grado de eficacia.Ahora estamos viviendo la extensión. Dentro de un mes y medio viviremos la intensión (¿se dice así la intensidad intencionada?).
Aprovechemos los días que nos quedan para tomar decisiones, dentro de lo que cabe con algo de frialdad, respecto a qué y cómo vamos a hacer estas Navidades: ¿qué vamos a comprar? ¿Qué tipo de regalos? ¿qué viaje hacer? ¿qué comidas-celebraciones? ¿con quién? Dentro de unos días estaremos tan presionados a comprar según qué artículos, hacer qué regalos, viajar s tales lugares y comer y cenar con qué amistades y familiares que nos va a resultar difícil tomar decisiones con un mínimo de ponderación.
Se me ocurre que existe un cierto paralelismos con la vida empresarial ¿no? Cuando hay que prever el futuro para anticiparse los directivos estamos tan cómodos en nuestro nirvana que no lo hacemos. Y cuando urgen las decisiones, el entorno es tan presionante, en un sentido u otro que al final tomamos las decisiones en base a las circunstancias del momento, con un claro sentido corto placista y “añorando” los dulces momentos de nirvana en el que el negocio fluye y no hay que tomar decisiones difíciles.En realidad ya hace muchos años Charles Hardy escribió sobre esto mismo, hablando de la curva sigmoidea. Decía que las decisiones y los cambios hay que tomarlos cuando todo va bien: es cuando existen los recursos, optimismo y confianza como para hacer frente a las dificultades.
Tomar decisiones difíciles cuando la situación es difícil… y las circunstancias apremian, no es el escenario ideal. La pregunta es ¿se podría haber evitado con un poquito de visión y anticipación?De cualquier forma… siempre nos quedará la Navidad. Aunque sea con una duración de dos meses.
Felices Fiestas
La foto es de www.cucharet.com