jueves, septiembre 17, 2009

Escépticos del desarrollo: el enemigo en casa [Plácido Fajardo]


Hace unos días mantuve una conversación con un directivo del área de RRHH de una gran empresa. Me hablaba sobre la convulsa historia reciente de la Función de Recursos Humanos en su empresa, consecuencia y reflejo de la errática historia reciente de la propia compañía. Hablabamos de las razones para haber reducido en sólo tres años el presupuesto de Formación y Desarrollo, que había caído sorprendentemente desde los 700 euros por empleado y año (una cifra muy considerable), a los 180 euros por empleado y año. Si a esto le sumamos que se trata de una compañía con una plantilla de altísima cualificación relacionada con la tecnología, la cosa era aún más grave. Mientras me contaba las consecuencias de semejante recorte, tan salvaje, yo imaginaba que las razones vendrían, como casi siempre, por las estrechuras de la crisis. Pero no, su respuesta me dejó de piedra. "La verdad es que la formación técnica se ha reducido considerablemente, pero la causa real -me decía- es que la reducción coincidió con la llegada de un nuevo Director de Recursos Humanos". La verdad es que yo aún lo entendía menos. Entonces me dijo "verás, el nuevo jefe que tuvimos (y que afortunadamente fue despedido tras dos años en la empresa) pensaba que la formación técnica había que mantenerla, aunque eso sí, al mínimo. Pero la que había que eliminar completamente era la formación en habilidades!. Creía que era un gasto inútil, pues las habilidades no eran desarrollables, así es que surpimió de un plumazo toda el presupuesto dedicado a este capítulo, así como la mayoría de los programas de desarrollo". Mis ojos estaban a cuadros, conforme más me contaba menos podía creérmelo. Un Director de Recursos Humanos de una Empresa con miles de empleados que no cree en el desarrollo y que piensa que la formación en habilidades es una perdida inútil de dinero!!!.
El erróneo fichaje fue deshecho casi dos años más tarde, aunque la organización de RRHH sufrió lo suyo durante su triste etapa. Pero la historia es cierta, por increible que parezca. En pleno siglo XXI y en un sector puntero, pueden colarse incomprensiblemente en los comités de dirección de las empresas personas que no creen en su propia función. Es como si contratamos a un director de marketing que no crea en la importancia de la marca, o en la utilidad de la publicidad, o de los estudios de mercado y el análisis de los competidores. Vamos, el mundo al revés. ¿Se lo imaginan?


La foto es de la web el comercio.pe