viernes, agosto 07, 2009

El virus de la desconfianza


La confianza mutua es, no cabe duda, la base sobre la que se asienta la cooperación y las relaciones humanas. Lo que posibilita que la interacción de las partes de cualquier sistema de intercambio se convierta en generadora de ganancia conjunta y de sinergia y no en lo contrario. La confianza es el elemento clave que da vida a la pareja, al juego económico, a las relaciones laborales dentro de él o a lo político en cualquiera de sus dimensiones. En su faceta individual (la confianza en uno mismo) es el ingrediente clave de la autoestima y, por ende, de la personalidad sana y madura.

Confucio 500 años antes de nuestra era, meditando un día sobre este tema y sobre sus repercusiones en la esfera política dijo que hay tres cosas necesarias para gobernar: las armas, la comida y la confianza y que si no se podían tener las tres aconsejaba abandonar, en primer lugar, las armas y en segundo la comida. Si Confucio viviera hoy con toda probabilidad sería consultor y podría muy bien haber traducido el anterior pensamiento como sigue: la retribución (la comida) y el control sobre la accountability (las “armas”) son de importancia secundaria frente a la confianza. Perdone Confucio –y el lector- mi libertad a la hora de traducirlo. La confianza es un capital intangible de enorme importancia.

La reflexión de Confucio no hace más que quitar la razón a Lenin y a su tan traída y llevada frasecita de que “La confianza es buena pero el control mejor”. La prueba a favor del chino está en la aceptación mayoritaria que suelen tener medidas como la renuncia parcial al sueldo para contribuir a la supervivencia de las empresas o el más que comprobado efecto de que la disminución de presión en controles incrementa la aportación y el desempeño de la mayoría de las personas normales. Pero todo esto solo ocurre si se posee una cantidad mínima de capital-confianza; si no se posee esta mínima cantidad nada de ello es posible.

Traigo el tema de la confianza al blog porque me preocupa precisamente lo contrario: la pérdida de la misma. La desconfianza ha sido el origen de la crisis actual y sus efectos están minando el tejido social, empresarial y mercantil con una rapidez pasmosa. Vean si no la espectacular bajada de índices como el ICC (índice de confianza del consumidor) en los últimos años (buena noticia ha sido el repunte desde Marzo). Pero me preocupa en estos momentos más la micro dinámica de la desconfianza, la que se da a nivel de las personas y en el interior de las empresas que la macro, la que mide el ICC.
Y es que veo que además de la externa, muchas empresas están sufriendo los efectos de crisis internas de confianza como si de una pandemia se tratara - ¡Solo faltará la de la gripe este otoño-invierno!- Crisis que se manifiestan como desconfianza de los colaboradores en la dirección y de esta en aquellos. Como desconfianza de todos en los sistemas y de algunos en las soluciones que hasta ahora daban éxito.

En momentos como los actuales la respuesta a la pregunta sobre cómo restaurar confianzas perdidas, empobrecidas o aniquiladas son más que urgentes, cuestiones de vital importancia. Lo grave es que no tenemos recetas más allá de las generales y en todo caso son de difícil aplicación. Todas ellas hablan de que la confianza se reconstruye paso a paso y antes sobre la rectitud de la actuación que sobre la comunicación transparente aunque ambas son esenciales. Y es que como decía no se quien: “los discursos inspiran siempre menos confianza que las acciones”. Tenía razón.

3 comentarios:

Isidro Rodrigo de Diego dijo...

Felicidades por el artículo, creo que realmente resalta uno de los factores clave a analizar desde los RH en este momento.

Sin embargo tengo mis dudas sobre la importancia de los actos frente a la comunicación, ya que la interpretación de las intenciones con que el otro realiza la conducta depende tanto de sus conductas pasadas como del grado en que las expectativas mutuas se hayan aclarado previamente.

Creo que este es el otro punto a debatir: Con este contexto cambiante y de crisis ¿Qué nuevas expectativas se han generado en los miembros de las organizaciones y (en la otra dirección) que esperan las compañías de sus miembros? ¿Son compatibles?

Estaría encantado de escuchar sus opiniones a este respecto en nuevos post.

¡De nuevo felicidades!

carlos dijo...

Estoy de acuerdo en la importancia de la Confianza. Es más, cuanto más pienso en ello más importante me parece.
En cualquier organización, sin confianza, nada funcionará, o por lo menos nada funcionará eficientemente.
Me gustaría compartir una reflexión más sobre este tema: http://implicacion.wordpress.com/2009/04/03/confianza-que-palabra-mas-compleja/
y que creo que ahonda en la importancia de algo que se gestiona tan poco: La confianza

Juan Pablo Ventosa dijo...

Muchas gracias, Isidro por tus palabras. La confianza se tiene o no se tiene. Es un hilo que hay que mantener tenso entre dos personas sin que se rompa, caso contrario ya no hay solución.

En cunto a tu interesante aportación creo que la condición humana tiende a juzgar a los demás por sus actuaciones mientras que a nosotros por nuestras intenciones. Así de injustos somos los humanos!!

En momentos de crisis como los que estamos viviendo ya nada vale. Mucho debe reformularse. Si la estrategia ya no sirve, y la estructura se ve afectada, ¡cómo no va a verse afectada la cultura y los valores de la organización! Luego las empresas esperarán conductas y comportamientos diferentes de sus colaboradores y, si estos siguen actuando de la misma manera en que venían actuando, difícilmente superarán la crisis. ¿habrá confianza en los equipos directivos para llevar "a ciegas" a equipos de colaboradores por la tormenta de la crisis?