
Hace unos días oí una noticia en la radio que me dejó estupefacto.
Como, sin duda, saben, a los conductores que, en los tres años de puesta en marcha de carnet por puntos, no hubieran perdido ningún punto se les concedían dos puntos más.
La noticia que me deja estupefacto es que varios miles de conductores cuando han querido consultar sus puntos se han enterado que les habían sido descontados varios por distintas infracciones.
La noticia seguía comentando posibles circunstancias y explicando cómo se había producido este curioso hecho. Al parecer buena parte de esas sanciones con pérdida de puntos habían sido hechas por cámaras en las carreteras y no habían parado al conductor. Posteriormente se siguió el procedimiento habitual de notificación al domicilio pero cuando no se contactaba con el propietario del vehículo, la DGT publicaba en el BOE la sanción pertinente y consideraba “notificado” al conductor.
La noticia continuaba diciendo que esta manera de proceder, según las asociaciones de conductores, plantea un tema legal curioso ya que priva a los conductores de la posible presentación de un recurso efectivo.
No vamos a entrar en el aspecto legal pero sí en un aspecto muy relevante de cara a la gestión de organizaciones y es el de la comunicación.
De todos es sabido, o al menos así nos han inducido a creer todos los medios de comunicación, que el carnet por puntos es altamente eficaz de cara a reducir la siniestralidad en carretera por el efecto disuasor que tiene este proceso sancionador.
Es posible que exista un cierto efecto disuasor en cuanto que puede existir un cierto “miedo” ante la posibilidad de que “me quiten puntos”. Pero en la medida en que esto no se produce se va perdiendo el miedo.
De todos es conocido el cuento del pastor y el lobo. Al principio se produce el miedo y la reacción (“¡que viene el lobo!”) pero tras varias situaciones llega un momento en que los habitantes del pueblo se dan cuenta de que “el lobo no viene”. En ese momento pueden venir cientos de manadas de lobos a merendar tranquilamente ovejas.
Algo similar ocurre con el carnet por puntos… un conductor atrevido, después de tres años de constatar que no le quitan puntos… acaba pensando que “el quitapuntos” no viene por lo que continuará con su atrevida velocidad.
Y, sin embargo, “el quitapuntos” sí estaba ahí.
Parece mentira que un sistema tan complejo, tan sofisticado, tan aparentemente eficaz y que es muy costoso de implantar, al final falle en lo más importante: el efecto ejemplarizante, el efecto disuasor (en efecto, “ha venido el lobo”), el efecto de retroalimentación y el más poderoso efecto disuasor: “si ya me han quitado X puntos, tendré que tener mucho cuidado para que no me quiten los que me quedan…”.
Y que falle, además, en lo más fácil: la comunicación al conductor. Que después de esto nos cuenten el enorme éxito de la implantación del carnet por puntos… genera, en primer lugar estupefacción, en segundo risa y en definitiva una enorme falta de credibilidad.
Lo mismo sucede en las organizaciones.
Cuando una persona en una organización hace algo no correcto (por poner un ejemplo sencillo: falta reiterada de puntualidad) y no pasa nada los empleados aprenden con extremada rapidez que pueden comportarse de esa forma sin que les genere consecuencias negativas.
Para que eso no pase la empresa toma medidas y ahí viene el ejemplo que nos da la DGT.
Se pueden tomar medidas de retroalimentación, por ejemplo diciendo al empleado que llegue a su hora, amonestándole por llegar tarde, sancionándole incluso y si, en definitiva, su comportamiento es reiterado podría llegar a constituir motivo de despido. Esta medida persigue el cambio de comportamiento del empleado o, en el peor de los casos, que el resto de empleados no haga lo mismo.
Pero también se pueden tomar medidas de castigo, por ejemplo, para qué decirle nada al empleado y pasar un mal rato. Es preferible eliminarle de la lista de posibles promociones. Eso sí sin hacerlo público para evitarnos el tener que dar explicaciones y justificar la medida. También podemos hacer que su subida salarial sea la menor que la ley permite… también para evitar tener que dar explicaciones lo haremos de modo y manera que no se sepa la causa real… por último en la próxima reestructuración de la empresa… su nombre aparecerá, eso sí fortuitamente (“a alguien le tenía que tocar…”) en la lista de “despedibles”… Esta medida persigue… persigue… ¿qué persigue esta medida? ¿la venganza? ¿la represalia? ¿el evitar tener que dar la cara? ¿el no tener que dar explicaciones?
En definitiva, ¿qué eficacia tiene esta medida de cara a cambiar el comportamiento del empleado o de cara a evitar que otros empleados hagan lo mismo?
En el fondo es lo mismo que ha hecho la DGT con nosotros: nos ha castigado silenciosamente con la pérdida de puntos… y alguno incluso a lo peor ha perdido el carnet y todavía no lo sabe… ¡que Dios le ampare si le pilla la Guardia Civil! De esa, seguro que va encadenado a galeras…
Si tu jefe te da retroalimentación y te dice lo que haces mal. Agradéceselo.
Si tu jefe no te da retroalimentación de lo que haces mal… empieza a prepararte para la pérdida silenciosa de puntos.
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