
Empezar con una doble negación no es lo más apropiado para una reflexión pero sinceramente no sé cómo se puede expresar de otro modo el objetivo de estas líneas. Todo esto viene a cuento de que estoy en un curso para directivos de una Entidad Bancaria. El curso es residencial y estaba convocado desde hacía varias semanas. Al comenzar esta mañana hemos observado que varias de las personas convocadas no han acudido y al interesarnos por los motivos hemos descubierto lo que da motivo al título.Al parecer el viernes pasado, hoy es lunes, varios Directivos de la Entidad estuvieron llamando a sus colaboradores porque las cifras publicadas del primer trimestre no eran todo lo buenas que debían ser (observación importante, no eran malas pero no eran lo suficientemente buenas). Los nervios y la ansiedad recorrieron, a la velocidad de la luz, la cadena de mando y el resultado fueron las distintas multiconferencias celebradas el viernes. Prácticamente todas las multiconferencias (por lo que hemos podido saber) han sido muy similares, en fondo y en forma. Y se puede reducir en una sola expresión: ¡¡A ver si trabajáis más!! ¡¡¡so inútiles!!!Y tras tan motivadora arenga se establecieron objetivos ineludibles para la semana siguiente. Algunos de los receptores de tan esclarecedoras multiconferencias comentaron algo respecto a los dos-tres días que iban a estar la semana siguiente en el curso residencial mencionado. Por lo que hemos podido saber la respuesta también fue muy similar por parte de todos los directivos interpelados (“me da lo mismo donde estéis, hay que hacerlo…”, o frase similar).Con lo que tres días después nos encontramos en el curso con un 20% de bajas y los que han acudido se encuentran más pegados y pendientes del móvil que de los ejercicios que hacemos en el curso.De ahí el título de esta reflexión. Realmente no sé qué hacer (en realidad la varita mágica no la tiene nadie) cuando los resultados no acompañan para conseguirlos con inmediatez y menos en una situación como la actual. Pero sí tengo muy claro algunas cosas que no se deben hacer.Por ejemplo culpabilizar a los colaboradores de la falta de resultados. Me recuerda claramente aquel tirano que decía “estoy rodeado de inútiles”. Por ejemplo tensionar y generar ansiedad inadecuada en los colaboradores. Creía, hasta hoy, que era universalmente conocido que pasado cierto punto la ansiedad y el nerviosismo solo crea ineficacia.Por ejemplo, imponer autoritativamente (valga la expresión) unos objetivos disparatados a un plazo disparatado. Y amenazar con un “ahí te quiero ver…”Por ejemplo, hacer que los colaboradores estén haciendo una labor (la formación) preocupados por otra (el objetivo semanal). ¿No es mejor cancelar la formación?. Asistir a un curso con otro objetivo en la cabeza es tirar el dinero (bueno siempre queda el recurso de criticar al formador o al curso y decir que es muy teórico y poco aplicable en la práctica).Por ejemplo, cancelar (o boicotear) una formación pensada desde hace tiempo y a largo plazo por un resultado temporal (mensual, quincenal, semanal…) y cambiarlo por un objetivo… ¡¡¡ semanal !!! ¿?Por ejemplo… usar y abusar de la autoridad conferida, descargar la propia ansiedad en los colaboradores, no permitir la opinión, la discrepancia… La verdad es que no creo que haya muchos profesionales que sepan qué hacer cuando los resultados no acompañan (los pocos que lo sabían están ahora en Las Bahamas con los royalties de su receta de cómo superar la crisis) pero sí estoy convencido de que la mayoría de profesionales con sentido común coincidirán con el título y contenido de esta reflexión: “qué no hacer cuando los resultados no acompañan”.
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