
Primera escena, es de noche en una oficina y en uno de los puestos de trabajo un profesional está sentado, de espaldas a una ventana abierta, echando unas migas sobre el teclado de su ordenador. Segunda escena, un jefe se acerca a la puerta cerrada del despacho de dicho profesional y acerca la oreja a la puerta. Como oye el ruido del teclado sonríe y se va satisfecho por el compromiso del profesional. Escena final, la ventana está abierta y unas palomas aparecen comiendo las migas del teclado que ha echado el “profesional” haciendo un ruido similar al tecleo, mientras éste se encuentra de cena con sus amigos.
En las empresas españolas, hoy en día todavía, predomina lo que podemos llamar Cultura del Esfuerzo cuyo pilar, como en la anécdota anterior, es el “presentismo”: jefes que se sienten satisfechos cuando su gente se queda hasta muy tarde, y profesionales que como se tienen que quedar hasta muy tarde adoptan infinidad de comportamientos ineficaces (tomarse tres o cuatro cafés al día, comentar el partido o la película de ayer con todos los compañeros de los tres pisos, preparar el viaje del fin de semana, etc.). Un círculo vicioso, para todas las partes, que sólo se puede romper a través del compromiso. Este es el único camino para poder derribar los horarios irracionales de muchos puestos de trabajo. Un compromiso que haga que cada una de las partes asuma su responsabilidad de forma voluntaria e individual, que convierta los “jefes tóxicos” en líderes que comprendan que preocuparse y apostar por sus personas es la estrategia más inteligente para conseguir los resultados, y que trasforme a los “trabajadores infantiles” en verdaderos profesionales, conscientes y responsables de sus comportamientos y actitudes.
Si tenemos en cuenta que uno de los principales frenos a la conciliación en las organizaciones son los propios compañeros, quienes con sus comentarios y reacciones provocan un estado nada favorable a acogerse a las medidas de conciliación o a cambiar los hábitos, la solución para romper el círculo tóxico en el que nos encontramos está en cada uno de nosotros. Dejemos de pensar que pueden hacer por nosotros y cambiemos nuestros comportamientos y actitudes para trasformar nuestro entorno y si no es posible, busquemos otro mejor, porque “haberlos haylos”.
En las empresas españolas, hoy en día todavía, predomina lo que podemos llamar Cultura del Esfuerzo cuyo pilar, como en la anécdota anterior, es el “presentismo”: jefes que se sienten satisfechos cuando su gente se queda hasta muy tarde, y profesionales que como se tienen que quedar hasta muy tarde adoptan infinidad de comportamientos ineficaces (tomarse tres o cuatro cafés al día, comentar el partido o la película de ayer con todos los compañeros de los tres pisos, preparar el viaje del fin de semana, etc.). Un círculo vicioso, para todas las partes, que sólo se puede romper a través del compromiso. Este es el único camino para poder derribar los horarios irracionales de muchos puestos de trabajo. Un compromiso que haga que cada una de las partes asuma su responsabilidad de forma voluntaria e individual, que convierta los “jefes tóxicos” en líderes que comprendan que preocuparse y apostar por sus personas es la estrategia más inteligente para conseguir los resultados, y que trasforme a los “trabajadores infantiles” en verdaderos profesionales, conscientes y responsables de sus comportamientos y actitudes.
Si tenemos en cuenta que uno de los principales frenos a la conciliación en las organizaciones son los propios compañeros, quienes con sus comentarios y reacciones provocan un estado nada favorable a acogerse a las medidas de conciliación o a cambiar los hábitos, la solución para romper el círculo tóxico en el que nos encontramos está en cada uno de nosotros. Dejemos de pensar que pueden hacer por nosotros y cambiemos nuestros comportamientos y actitudes para trasformar nuestro entorno y si no es posible, busquemos otro mejor, porque “haberlos haylos”.
La foto es de la web la mirada marsupial
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