
Cuando el verano pasado Pep Guardiola cogió las riendas de un Barça desorientado y en horas bajas, nadie daba un duro por él. Era una gran figura del Club, un hombre de la casa, con espíritu de equipo pero sin apenas experiencia, y la prensa deportiva no perdió ni un momento en dictaminar su futuro: el fracaso. Pero la pasión de Guardiola por el fútbol, se veía ampliamente complementada por su afán de aprender. Sus entrenadores Cruyff, Robson o Van Gaal han reconocido que se trataba de uno de los jugadores con mayor conocimiento futbolístico, abierto siempre a asimilar las ideas de los demás.
La administración, los sindicatos, las instituciones sin ánimo de lucro, más allá de los tópicos provocados por minorías sin principios, están formadas por personas con una vocación de servicio a los demás, y en una gran mayoría de casos acompañado de un gran orgullo de pertenencia. Estos dos aspectos son dos de los valores más buscados por los departamentos de RRHH de las empresas para sus plantillas, pero sin embargo hoy en día este tipo de instituciones desaprovechan su potencial porque no tienen la capacidad de aprendizaje de Guardiola. Esto es debido en gran medida a que en el mundo de la administración y de las instituciones falta profesionalización. Las formas de hacer cambian, cada vez hay más herramientas, nuevas metodologías más eficientes para conseguir los objetivos. Cuando las organizaciones no optan por modernizarse, por incorporar nuevos puntos de vista, en muchos casos pierden también a sus personas. La vocación es un elemento muy poderoso pero se apaga con la ineficiencia, con el conformismo, se vuelve estéril cuando se coarta su iniciativa, cuando el “aquí esto siempre se ha hecho así” se convierte en el leitmotiv de la institución.
Este tipo organizaciones tienen un gran tesoro, si apuestan por la profesionalización, copiando lo bueno de la empresa privada, podrán ofrecernos a los ciudadanos una mejora de servicio increíble y al mismo tiempo mejorar la motivación de sus profesionales, como está ocurriendo en el vestuario del Barça, convirtiendo así un voluntarismo desaprovechado, en una vocación profesionalizada imparable.
La administración, los sindicatos, las instituciones sin ánimo de lucro, más allá de los tópicos provocados por minorías sin principios, están formadas por personas con una vocación de servicio a los demás, y en una gran mayoría de casos acompañado de un gran orgullo de pertenencia. Estos dos aspectos son dos de los valores más buscados por los departamentos de RRHH de las empresas para sus plantillas, pero sin embargo hoy en día este tipo de instituciones desaprovechan su potencial porque no tienen la capacidad de aprendizaje de Guardiola. Esto es debido en gran medida a que en el mundo de la administración y de las instituciones falta profesionalización. Las formas de hacer cambian, cada vez hay más herramientas, nuevas metodologías más eficientes para conseguir los objetivos. Cuando las organizaciones no optan por modernizarse, por incorporar nuevos puntos de vista, en muchos casos pierden también a sus personas. La vocación es un elemento muy poderoso pero se apaga con la ineficiencia, con el conformismo, se vuelve estéril cuando se coarta su iniciativa, cuando el “aquí esto siempre se ha hecho así” se convierte en el leitmotiv de la institución.
Este tipo organizaciones tienen un gran tesoro, si apuestan por la profesionalización, copiando lo bueno de la empresa privada, podrán ofrecernos a los ciudadanos una mejora de servicio increíble y al mismo tiempo mejorar la motivación de sus profesionales, como está ocurriendo en el vestuario del Barça, convirtiendo así un voluntarismo desaprovechado, en una vocación profesionalizada imparable.
La foto es de la web Angelsoto.cl
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada