En ajedrez un peón aislado surge cuando los peones de las columnas adyacentes han desaparecido, bien porque han sido capturados, bien porque han sido ellos los que han capturado una pieza u otro peón y, en consecuencia, han ido a parar a otra columna.El peón que queda sin “compañeros” se denomina así (“peón aislado”) queriendo significar que está solo, que ningún otro compañero (peón) le podrá apoyar o defender. Habitualmente esta situación se considera una debilidad que el bando contrario procura aprovechar incrementando su presión sobre dicho peón, es decir, amenazando con su captura.El bando poseedor del peón aislado se ve obligado a defenderlo con lo cual crea debilidades en su posición y, eventualmente, le proporciona una ventaja definitiva al oponente. La dificultad de defender un peón aislado es que solo puede hacerse con piezas de superior valor (alfiles, caballos, torres…) ya que no tiene quien de de forma natural debería hacerlo: sus compañeros, otros peones.En ocasiones esta situación de desventaja se resuelve con una nueva captura, bien siendo el peón aislado el que captura o bien siendo otro peón que tras el movimiento de captura va a parar a una columna adyacente con lo cual ya hay dos peones “ligados” que se pueden apoyar mutuamente.Sin embargo en otras muchas ocasiones, el bando del peón aislado resuelve sus problemas posicionales sacrificando éste. Lo avanza, constituyéndolo en un peón “kamikaze” y a cambio de su captura, el jugador queda “liberado” de su defensa y puede optar por una más amplia gama de posibilidades tácticas.En las empresas suele pasar, con relativa frecuencia, algo por el estilo: el mando intermedio o directivo que “hace la guerra por su cuenta” sin tener en cuenta a sus compañeros y sin detenerse a pensar que los que estaban a su lado (en las columnas adyacentes) han dejado de estar ahí, hartos de sus desplantes o de su individualismo. Ante esta situación la compañía, lógicamente busca y procura su defensa, especialmente si es un mando o directivo valioso desde el punto de vista de negocio. Pero esta defensa ha de ser realizada utilizando piezas muy valiosas (altos directivos) ya que sus compañeros, es decir, quienes de manera natural deberían apoyarle, no están “al lado” para hacerlo. Esta defensa supone, por tanto, un desgaste para la compañía y para los directivos que están comprometidos en dicha actuación. Si la situación no varía, es decir, si en el curso de la partida el directivo aislado no es capaz de recomponer la relación con sus compañeros… comienza, cada vez más, a convertirse en una pesada carga.Puede darse el caso de que el directivo perciba lo “aislado” que está y recomponga su hacer de modo que vuelva a tener la cercanía de sus compañeros, o que por diversos motivos otro compañero se alinee con el mando aislado convirtiéndose en dos peones “ligados”. Sin embargo estas dos posibilidades, en la vida real no son tan frecuentes como en las partidas de ajedrez.Por eso, un día, la compañía “descubre” que está dedicando más recursos a la defensa de su directivo aislado que rentabilidad o beneficios de la posición de este directivo. Ese día la compañía decide, al igual que el jugador de ajedrez, sacrificar el peón aislado y lo lanza a una campaña o proyecto “kamikaze” del que es difícil salir indemne.Esta situación puede dar lugar a una interesante reflexión: si eres un mando intermedio o directivo y te has quedado “solo” empieza a preocuparte. Aunque creas (o sepas) que tienes el apoyo de la dirección. En una partida de ajedrez el destino de un peón aislado está escrito. En la empresa, el directivo que hace la guerra por su cuenta, sin sus compañeros… tiene también su destino escrito.
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