viernes, enero 23, 2009

¿El móvil es vida?


Me imagino que a casi todos nos pasa lo mismo, o sea, que terminamos nuestras jornadas derrengados. El jueves de la semana pasada, cuando el día ya estaba crecido, me di cuenta de que me encontraba inusualmente fresco, me sentía más relajado de la normal. Era la una de la tarde. Al preguntarme por qué e “investigar” un poco, descubrí que me había olvidado de encender el móvil… Me había ahorrado, durante cinco o seis horas, llamadas súbitas, interrupciones, disgustos intempestivos, etc. Quizá exagero un poco, pero me ayuda a introducir el tema…
El teléfono móvil tiene sus ventajas, entre las que destaca la accesibilidad de su propietario, localizable en cualquier lugar y en cualquier momento, pero eso se puede convertir en un incordio para él, si no lo gestiona adecuadamente… Muchas veces el propietario no se da cuenta de que eso es así, porque ha caído en la “móvil-dependencia”…
El objeto de éstas líneas se ciñe al uso cotidiano del móvil, no en situaciones críticas, dónde, evidentemente, puede salvar vidas (un montañero perdido) o las puede truncar (un conductor distraído).
No me he dedicado a indagar si existen cursos específicos de “cómo gestionar el móvil”, pero probablemente se pueden crear contenidos más que suficientes para que sea un curso en sí mismo, o como mínimo un subtema dentro del de “gestión del tiempo”.
A menudo, somos mucho más exigentes con el uso adecuado del móvil por terceros que por nosotros mismos. Nos molesta el tono estridente de otro móvil que interrumpe una película o una obra de teatro y en cambio justificamos como buenamente podemos la situación si el que suena es el nuestro... Como suele suceder, somos mucho más benévolos con nuestros errores que con los ajenos. Si nos cuesta reconocer o asumir nuestra propia incompetencia en la gestión del móvil, no tenemos más que observar a nuestro alrededor y ver, por ejemplo, cómo en una reunión alguna persona se “desconecta” de la misma cada cierto tiempo por culpa de llamadas a su móvil o, lo que es peor, porque él mismo llama…. No es precisamente respeto a los demás. Evidentemente, cuanto más jefe es, más se siente autorizado a hacer lo que le venga en gana…
Otro ejemplo rotundo y cotidiano es la ya clásica estampa de dos personas comiendo o cenando en un restaurante, una de ellas está la mayor parte de su tiempo aferrada al móvil, mientras su supuesto acompañante / interlocutor se muere de asco…

El móvil fue una indudable revolución tecnológica y es una excelente herramienta de comunicación, pero, mal utilizada, se convierte fácilmente en herramienta de incomunicación o de no comunicación.

Sugiero algunas normas sencillas para mejorar la gestión de este pequeño aparato que puede transitar de lo “mágico” a lo “diabólico”:

 Desconectarlo cuando no debemos / queremos estar accesibles (incluido por la noche, en vacaciones,…).
 Silenciarlo en actos públicos.
 No contestar (y silenciar) cuando interrumpe no ya sólo una reunión, que parece obvio, sino cuando estamos con otra persona (por ejemplo, comiendo).
 Si nos parece excesivo desaire el no contestar, hacerlo pero sólo para decir: “lo siento, pero ahora estoy ocupado. Te llamo en un rato”.
 Si llegamos tarde a una cita, avisar vía llamada o mensaje (por el contrario, si somos los que esperamos al que se retrasa, una llamada de “control” puede ser procedente, sin acribillar…).
 Y, claro, si llama un pelmazo, y hemos cometido el error de descolgar, decir que no nos queda batería…

El último consejo sólo es una excusa. Por supuesto, conviene recargar periódicamente la batería porque suele suceder que cuando realmente necesitamos el móvil es cuando nos quedamos sin ella…

1 comentarios:

José Miguel Bolívar dijo...

Con el móvil ocurre lo mismo que con el e-mail: han pasado de ser herramientas a nuestro servicio a ser ladrones de tiempo a los que servimos.
El tiempo es el que es y todos tenemos el mismo. No lo podemos gestionar. Lo que sí podemos gestionar es nuestra atención.
Sabemos que nuestro cerebro confunde urgente con importante. El timbre del teléfono lo asociamos con urgente y reaccionamos como si fuera importante. Por lo general no es lo uno ni lo otro. Cuando estoy en reuniones, pero también cuando estoy trabajando en algo que requiere concentración, dejo el móvil en modo reunión y devuelvo llamadas cada dos o tres horas. Llevo años haciéndolo y nunca he tenido el menor problema.

JM