Hoy es San Valentín, el día de los enamorados, de quienes se han prometido amor eterno y tienen el compromiso de quererse una vida entera.¿Pueden los directivos mantener el enamoramiento con su empresa en el largo plazo?, ¿Pueden los directivos mantener la pasión en su trabajo durante años, en la misma empresa?, ¿Puede la empresa seguir resultando atractiva para sus personas clave, de forma permanente?.
Gestionar el compromiso y la vinculación de los profesionales clave es el reto principal que las empresas asumen en el siglo XXI.
La relación de un directivo con su empresa, puede tener paralelismos claros con una relación tradicional de pareja. El inicio de la relación es pasional, casi genital. Al principio de una relación…profesional, trabajar produce excitación y genera pasión. El directivo (si todo va bien) es “adorado” por su empresa. El enamoramiento es profundo.
Sin embargo la pasión, la excitación, el compromiso… ¿puede durar eternamente? Claro que no. Al menos que la empresa no aporte proyectos atractivos que permitan reinventar la relación del directivo con ella, surgirá la monotonía, el deterioro, el aburrimiento… y la tentación del cambio.
Sólo si la empresa sabe entender quién es cada uno de sus directivos, singularmente, qué le emociona en el trabajo, cuáles son sus valores, sus expectativas, sus anhelos… podrá mantener la vinculación.
Trabajamos para desarrollar nuestro proyecto personal. Esperamos crecer, aprender, reinventarnos para seguir creciendo y aprendiendo. Sólo así podemos trabajar con pasión 30 años o más.
Deseamos sentirnos valioso, apreciados y reconocidos. Nos motivan los proyectos, nos vinculan las experiencias compartidas y las emociones.
Cada empresa, desde sus valores decide el modelo de relación que quiere tener con sus directivos. Si la empresa decide que sólo vale la meritocracia y la eficacia, la relación del directivo con la empresa también será instrumental “seguiré aquí unos años, capitalizaré mi experiencia y me iré” (una relación sin vinculación, ni compromiso).
¿Qué nos compromete?, un objetivo compartido, la posibilidad renovada de tener éxito personal, crecer.
¿Qué nos vincula?, la sensación de pertenecer a un colectivo con nuestros mismos valores. La integración en una comunidad profesional con la que compartimos experiencias, éxitos y proyectos.
Las empresas realizan estudios de potencial para saber quien es quién, qué aporta cada uno o puede aportar, hasta dónde puede crecer cada profesional, quienes van a ser sucesores y quienes van a ser sucedidos.
Sin embargo es necesario realizar proyectos de Análisis y Gestión Emocional, que posibiliten singularizar las relaciones entre empresa y profesional, considerando lo que a nosotros (los profesionales) más nos importa: nuestros valores, nuestros anhelos, nuestras aspiraciones, nuestras vivencias.
Si la empresa quiere tener una relación comprometida con sus directivos, será imprescindible que los conozca, los entienda, establezca con ellos un vínculo emocional, basado en las experiencias vividas y los proyectos por vivir… así, solo así, los directivos aportarán su corazón y su alma. Así, sólo así, durará la pasión.
1 comentarios:
Carlos,
Resulta interesante la analogía entre el “vínculo matrimonial” y los “vínculos contractuales profesionales”, sin embargo igualar el “amor por siempre” (título del post) con la “pasión duradera” (con la que termina el mismo) resulta confuso e imperfecto.
Toda relación o vínculo contractual está basada en el mutuo acuerdo. Si dicho acuerdo potencia los intereses personales por el que se realiza tal relación, entonces existe mayor posibilidad de permanencia o durabilidad.
Ahora bien. Uno de nuestros problemas, en la lengua castellana, radica en que disponemos sólo de una palabra para el significado de “amor”.
El matrimonio que este basado en la “pasión” corre un gran riesgo (y por analogía, también existe un “riesgo” en los vínculos contractuales de esta naturaleza). La pasión (que en griego equivale al amor “eros”) tiene un límite incluso físico (naturaleza pasajera, y dependiente de intensidades según estados de ánimo, físicos, etc.). El matrimonio basado en el amor “ágape” (amor como principio), y sumado al amor “filos” (amor familiar) tiene mayores probabilidades de éxito en cuanto a su durabilidad, dado que trasciende lo temporal y circunstancial de nuestros estados físicos o anímicos.
La analogía del vínculo matrimonial con los vínculos contractuales basados en el “amor” toma mayor cuerpo y sentido cuando tenemos en cuenta estos tres conceptos o diferenciaciones de amor que nos aporta el griego.
Podríamos decir que el trabajador o directivo “eros” (“genital”, como usted lo describe) persigue el placer momentáneo del éxito superficial (sea dinero, ascensos rápidos, etc.) El trabajador o directivo “filos”, que no se centra exclusiva en el beneficio a corto plazo o circunstancial, genera vínculos informales de relación entre sus compañeros de trabajo. Con estos vínculos contraídos, la posibilidad de éxito en cuanto a su permanencia es mayor, pero no suficiente. Por último, el empleado o directivo “ágape”, comprende que su persona tiene una razón de ser dentro de la organización donde sus expectativas a largo plazo coinciden con las de la organización en la que trabaja.
Bajo este panorama, una relación “eros” (pasional), “filos” (relaciones) o “ágape” (incondicional) en el símil de los vínculos contractuales profesionales no es en sí mismo ni malo, ni bueno. Si ambos están de acuerdo, y tienen clara la relación acordada en un plazo de tiempo determinado (contrato temporal) o indeterminado (contrato indefinido), no habrá problema alguno.
El problema surge cuando las percepciones o expectativas de ambos no coinciden.
Por último, no sólo “la empresa que sabe entender quién es cada uno de sus directivos, singularmente, qué le emociona en el trabajo, cuáles son sus valores, sus expectativas, sus anhelos… podrá mantener la vinculación”, sino que cada empleado debe entender lo mismo de su empresa. En otras palabras, los “análisis” y las “gestiones” empresariales hacia los empleados, no remplazan ni tienen especial relevancia si no es un catalizador o canal de comunicación bidireccional de la propia voluntad y deseos de dichos empleados.
La empresa debe conocer a sus directivos y/o empleados, y éstos deben conocer a su empresa. Pero el conocimiento no es suficiente. Las expectativas de ambos, puestas sobre la mesa, ahorran mucho esfuerzo, generalmente inútil, para crear y mantener relaciones humanas duraderas.
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