martes, mayo 29, 2007

En las empresas también hay golpes de estado

Un buen amigo mío está siendo objeto de un auténtico golpe de estado en su empresa. La tercera generación se ha revelado contra la segunda y ha tomado el control de la empresa. Mi amigo está en medio, por lo que prefiero mantener oculto su nombre y el de la empresa. Mi amigo estaba entregado en cuerpo y alma a dicha empresa, ha dejado los mejores años de su vida a dicho proyecto. Ha dejado de acostar a sus tres hijos, ha dejado vacaciones, lleva años levantándose el primero y acostándose el último en su casa. Todo ello porque en su tarjeta pone Director General. Ahora se cuestiona qué ha hecho todo este tiempo. ¡Qué desilusión!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Aquí vemos la clara diferencia que exite entre trabajar para vivir o vivir para trabajar -que es lo que hacía tu amigo-.

Está muy bien involucrarse con la empresa y dar el 100% pero no menos importante es saber combinar vida profesional con familiar.

En tu trabajo te tienes que sentir contendo con lo que haces pero no hay que olvidar que existen muchos interes involucrados en la creación y vida de una empresa. No por ser Director General tienes que estar privado de vida privada.

Leonardo E. Ravier, Ph.D. dijo...

De todas formas uno no debería cuestionarse si valió o no la pena el recorrido profesional (o personal) sólo por el final o por momentos críticos como estos (dondo incluso quizá esten sucediendo cosas que están fuera de suu control).

A tu amigo "nadie le quita lo bailado", y quizá aún le quede más baile, ¿Quién sabe?

Si bien la llegada o el final de un recorrido (sea personal o profesional) es importante, no es menos importante el propio recorrido. Creo que vivir intensamente, como lo ha hecho tu amigo, no está mal en sí mismo.

La propia incertidumbre empresarial nos llevará a vivir este tipo de situaciones. ¿Quién puede asegurarnos que no nos pasará a nosotros?

Sólo tu amigo podrá hacer un verdadera balance entre su "recorrido" y su "llegada". Pero vuelvo a repetir, no me parece sano juzgar el recorrido por el final, o por una situación crítica unilateralmente.