viernes, mayo 04, 2007

Diamante de Sangre

Esta película, en su crudeza, dará que pensar a quien no se quede en la superficie del largometraje. Resulta, en mi opinión, altamente recomendable. No para niños, ciertamente. Desde el mismo arranque del largometraje brotan a borbotones las enseñanzas para la dirección de personas y organizaciones. La primera: que todos los visionarios creen que ellos tienen en exclusiva las respuestas. Aseguran que sabrán dar la solución adecuada a cada necesidad. Eso sí, previamente será preciso algún sacrificio, pero nada comparado con los bienes que se derivarán de sus acciones. Tras esas afirmaciones tan clarividentes del comandante de esas fuerzas de liberación (¡qué afán por manipular la palabra libertad tienen los sátrapas!) se oculta el egoísmo, la avaricia, el propio interés...

Quienes son buscados para implantar ese nuevo mundo son los más vulnerables: los niños. Con monótona repetición, los regímenes dictatoriales, y otros que aseguran no serlo, tienen un desaforado afán por hacerse con aquellos que todavía no tienen suficiente criterio. Así, podrán formarles a su gusto. Algunas organizaciones pretenden sustituir la paternidad biológica por sus promesas mesiánicas. Luego, esas organizaciones abandonan a quienes atrajeron con promesas que no podían ni querían cumplir. Más que personas deseaban contar con instrumentos que luego desechan cuando consideren que ya no son de utilidad. El riesgo de la libertad y el pensamiento individual es algo que no todo sistema organizativo está dispuesto a asumir.

Y la película tiene muchas más enseñanzas...

1 comentarios:

Leonardo E. Ravier dijo...

El riesgo a la libertad

Debiéramos aprender, y enseñar a otros, a dejar de ver a la libertad como un “riesgo”.

Un presunto riesgo basado en el “miedo” y que genera mas miedo. Este circulo vicioso del miedo a la libertad impide que uno ejerza su propia libertad (consigo mismo), e impone su misma forma de vida para los demás coartando las libertades ajenas.

Una de las reacciones al miedo es el ataque. Así, aquellos que ven a la libertad o al pensamiento individual con “temor” reaccionarán siempre con violencia (físico o de conciencia) contra los demás.

Si las organizaciones aprendieran a gestionar la libertad de sus integrantes (desde la base de la propiedad privada del propio cuerpo, incluida “la mente”), el único riesgo que obtendrán será fortalecer las tomas de decisiones, generar responsabilidades individuales (y por ende de grupo) y asumir las consecuencias de todos los actos.